Sermones

Literatura

Meditaciones

 
 
 
 
 

Ir atras en Diosbendice.com, pensamientos y reflexiones

MSc. Rony Cuxum Ruiz
Director de Registro
Catedrático
Universidad Evangélica de las Américas

Sanidad de Simón el leproso


            Este acto milagroso de sanidad está relatado en los Evangelios Sinópticos.


Enfermedad: Lepra.


Libro de Registro: San Mateo 8:1 y San Marcos 1:40-45.


Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente.  Vino a El un leproso, rogándole; e incada la rodilla, le dijo: Si quieres puedes limpiarme.  Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio.  Y así que El hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquel, y quedó limpio.  Entonces, le encargó rigurosamente y le despidió luego.  Y le dijo: Mira, no digas a nadie nada, sino vé, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos.  Pero ido él, comenzó a publicarlo muchoy a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a El de todas partes.

Lugar y Fecha:


            Cuernos de Hattín, montaña en Capernaum de Galilea; primavera del año 28 D.C.  El lugar propio del suceso fue en las llanuras de la montaña "Cuernos de Hattín", situado a 11 kilómetros aproximadamente al Sudoeste de la ciudad de Capernaum (Thomson, s.f.: 223).


Identificación:


            Simón el Leproso. (Broadus, s.f.: 137; Bonnet, Schroeder, 1974: 292.  Tomo 1; Clarke, 1974: 70.  Tomo III; Nelson, 1977: 622; Earle, Sanner, 1983: 237 y 394, Tomo 6; Rand, s.f.: 635).  "Esta es la única curación de lepra relatada por los tres primeros evangelistas" (Jamieson, Fausset, Brown, 1973: 46.  Tomo II).  De acuerdo con los eruditos, los evangelistas no mencionan el nombre del leproso, sanado después de la exposición del Sermón del Monte.  El leproso incógnito llegó a ser uno de los fieles (fuera de los doce) discípulos de Jesús.  Anteriormente, cuando padecía la enfermedad, se le llamaba: Simón el Leproso.  Una vez que fue sanado, su nombre no cambió, todos lo siguieron identificando como Simón el Leproso.  No dudamos que el mismo leproso sanado, sea el mismo hombre en cuya casa estuvo Jesús en varias oportunidades, en Betania.  Mateo y Marcos lo identifican con ese nombre: "Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el Leproso". (Mt. 26:6; Mr. 14:3).

Descripción de la Enfermedad:


            William Barclay nos presenta la siguiente descripción paté- tica sobre tres tipos de lepra.  Primero, la lepra nodular o tubercular.  Esta se presenta con un letargo y dolores en las coyunturas.  Después aparecen en el cuerpo (en la espalda) manchas simétricas descoloridas.  Sobre dichas manchas se forman pequeños nódulos rosados que luego se volverán oscuros.  La piel se engrosa.  Estos nódulos comienzan a amontonarse en los pliegues de las mejillas, la nariz, los labios y la frente.  El cuerpo comienza a desfigurarse.  Los nódulos se agrandan, se ulceran y segregan una sustancia hedionda.  La voz se pone ronca y se dificulta la respiración, por la ulceración de los pliegues (cuerdas) vestibulares y vocales.  Desaparecen los párpados, se caen las cejas, los ojos miran fijamente y el aspecto es fantasmal por la falta del parpadeo.  Se ulceran las manos y los pies.  Poco a poco el enfermo se convierte en una masa de carne ulcerada.  El desarrollo de la enfermedad dura un período de nueve años aproximadamente y concluye con la pérdida de la memoria y la razón, luego viene el coma y, finalmente, la muerte.  Segundo, la lepra anestésica.  Esta comienza por afectar las extremidades nerviosas.  El área afectada pierde totalmente la sensibilidad.  Puede pasar por desapercibido, hasta que la persona se quema o lastima y se da cuenta que no le duele.  Los nervios afectados producen manchas en la piel y se ulceran bajo la forma de ampollas abiertas.  Los músculos se desgastan y los tendones se contraen, hasta que las manos asemejan garras.  Se desfiguran las uñas, luego se presenta la ulceración crónica de las manos y los pies.  Poco a poco se va perdiendo los dedos de los pies y manos; y, por último, se pierde una mano o pie enteros.  Es una terrible muerte progresiva del cuerpo.  El desarrollo de la enfermedad dura entre 20 a 30 años.  Tercero, la lepra conjunta.  Esta clase de lepra combina los efectos de la tubercular y de la anestésica simultáneamente (Barclay, 1974: 54-55.  Volumen 3).


Circunstancia del Evento:


            Después que el Doctor Jesucristo había elegido a sus doce discípulos, dispuso ir con ellos a la montaña "Cuernos de Hattín" para llevar a cabo un retiro espiritual y orientador.  No obstan-te, los rumores corrieron y mucha gente lo siguió.  Entre ellos, iban enfermos y simples curiosos.  Hubo mucha gente, y El aprovechó para predicarles, tanto a ellos como a sus doce discípulos, sobre las bases fundamentales del Evangelio en el Reino de Dios. Después de esto, sanó a muchos de los enfermos que habían llegado hasta allí (Thomson, s.f.: 230).  Cuando hubo terminado todo, llamó a los doce y tomó el camino a Capernaum.  En el trayecto, a campo abierto, se le presentó "un hombre lleno de lepra, y según parece, empezó a rogarle estando en pie; luego, se arrodilló, y después cayó sobre su rostro, diciéndole solamente: Señor, si quieres, puedes limpiarme" (Ibid, s.f.: 195).  En la época de Jesús, no era factible prolongarle la vida a un leproso como lo hace la tecnología médica moderna hoy en día.  Al igual que en aquel entonces, hoy tampoco se ha encontrado la forma de eliminarla.  "La lepra es un azote de la humanidad, que hasta hoy día no ha sido eliminada del todo.  Aquellas personas dignas de compasión tienen que ver en su larga enfermedad cómo se atrofia un miembro tras otro hasta que ellas mis-mas se van extinguiendo" (Trilling, 1970: 183.  Tomo I).  La medicina moderna ha descubierto que la lepra en sí no es contagiosa, pero para los judíos "era ceremonialmente muy contaminadora.  La lepra es repugnante para todos, y es persistentemente hereditaria" (Broadus, s.f.: 20).  La lepra tiene la característica de ser una enfermedad terrible.  En los tiempos bíblicos, se la usó como prototipo del pecado, porque se consideraba inmunda, contagiosa, repugnante e incurable.  Según los capítulos 13 y 14 de Levítico, el pobre leproso tenía que ser expulsado de la sociedad; tenía que vivir y andar en lugares apartados; cuando miraba que alguien se acercaba al lugar donde se encontraba, debía gritar: ¡Inmundo! ¡Inmundo!  "Era la aflicción más terrible.  Traía un sentido de verguenza y desgracia" (Morrow, 1950: 42).  Un leproso se lo proscribía como pecador, pues la lepra se concebía como castigo de Dios por pecados graves (Schnackenburg, 1973: 55.  Tomo I).  Simón el Leproso había tomado una irrefutable decisión y se encontraba ya frente al Doctor Jesucristo sin pretensiones ni exigencias de ninguna clase, con un corazón humilde pide limpieza de su mal.  Queda a merced de lo que decida el Médico Divino.  Jesucristo, por su parte, miraba al leproso con una profunda compasión y procedió a curarlo.


Ejecución de la Sanidad:

  1. Fórmula utilizada: Y Jesús le dijo: "Quiero, sé limpio" (v. 41).
  2. Efectividad de la sanidad: La potente palabra sanadora, inyectada a través del toque de su mano en el cuerpo del leproso, hizo desaparecer instantáneamente la lepra.  "Jesús no teme quedar impuro o ser acusado por sus adversarios de infracción de la Ley.  Su acción en extender la mano es el ademán soberano del vencedor.  Al tocar al pobre  enfermo, lo devuelve a la comunidad" (Trilling, 1970: 183-184.  Tomo I) y lo libra de la cárcel del tabú que había sido vigilado celosamente por la comunidad judía.  De modo que, la supremacía poderosa de Jesús se llergue sobre cualquier sanador del Antiguo Testamento, "puesto que su sola palabra, limpia y declara limpio" (Stöger, 1970: 155.  Tomo I).  Por fin, Simón el Leproso quedó completamente sano desde aquella hora.
  3. El precio de la sanidad: Simón el Leproso se sintió profundamente agradecido y glorificó a Dios.  Sin embargo, la curación vino inmediatamente acompañada de un doble mandato severamente enunciado: Primero, el Doctor Jesucristo no quería violar la Ley y evitó actuar como Juez dictaminador.  El derecho de declarar limpio a un leproso, sólo le correspondía a los sacerdotes del Templo.  Por eso, Jesús lo mandó a donde ellos.  Este hecho, serviría de testimonio para ellos que Jesús cumplía con la Ley y que su poder para curar provenía de Dios.  Además, este hombre sanado debía presentar su ofrenda estipulada para certificar estos casos (Levítico 14) (Earle, 1982: 150; Bonnet, Schroeder, 1974: 121.  Tomo 1).  Ahora bien, este hombre tenía que viajar desde Capernaum hasta el Templo de Jerusalén.  Debía recorrer una distancia de 135 kilómetros aproximadamente para ir a presentar su ofrenda.  Sin embargo, esto no representó ningún obstáculo para él, fue sin titubeos.  Segundo, Jesús le pidió que no divulgara el evento milagroso de curación, por las siguientes razones: No quería atraer inútilmente sobre sí la atención de los hombres; no quería sustentar la vana curiosidad a la sed de milagros; no quería provocar antes de tiempo el odio de sus adversarios; quería que los sanados guardaran en su corazón la impresión profunda de la manifestación de poder y de amor divinos, a fin de que la curación del cuerpo tuviese por fruto la curación del alma (Bonnet, Schroeder, 1974: 121.  Tomo 1).  Así que, este exleproso obedeció el primer mandato, pero el segundo no lo cumplió, ya que, era sumamente difícil contener la inmensa gratitud y felicidad que desbordaba en su corazón.  Por supuesto, al igual que todos los sanados, jamás entendieron el propósito implícito en la insistente petición que el Doctor Jesucristo les hacía.  Con gratitud desacertada el hombre desobedece y se producen muchas inconveniencias.  Jesús por algún tiempo no puede entrar en una ciudad, como no sea muy privadamente, por miedo de que la piñada población llegue a excitarse demasiado y piense en el levantamiento político en contra de los romanos, más bien que en la instrucción y salvación espiritual (Broadus, s.f.: 20).

Aplicación Espiritual


            De este caso, aprendemos varias cosas: Que debemos ir al encuentro del necesitado y brindarle la ayuda que necesita.  "Jesús sale al encuentro de la desesperante necesidad humana con un espíritu de comprensiva compasión.  Jesús alargó su mano y lo tocó.  Jesús toca a un hombre impuro.  Para El no era hombre impuro, era sólo un ser humano que necesitaba desesperadamente su ayuda" (Barclay, 1974: 57.  Volumen 3).  Por otro lado, que los estragos que causa la lepra en un cuerpo humano se asemeja al desastre que produce el pecado en la vida del hombre.  "Así como este leproso puede ser considerado como un adecuado emblema de la corrupción que el pecado causa en el hombre, su curación puede ser un emblema de la redención del alma por Cristo" (Clarke, 1974: 21.  Tomo III).

MSc. Rony Cuxum Ruiz
Director de Registro
Catedrático
Universidad Evangélica de las Américas

 

Ir atras en Diosbendice.com, pensamientos y reflexiones

 
 
Inicio | Dialogando con Dios | Publicaciones Cristianas | Articulos de Auto Ayuda | Contáctenos

Todos los derechos reservados, Diosbendice.com® Diseño Cuxum design