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MSc. Rony Cuxum Ruiz
Director de Registro
Catedrático
Universidad Evangélica de las Américas        

Sanidad del siervo del centurión.


            El relato histórico de esta curación milagrosa está descrita solamente en los Evangelios de San Mateo y San Lucas.


Enfermedad: Parálisis Crónica (Morrow, 1950: 43).


Libro de Registro: San Lucas 7:1-10 y San Mateo 8:13.


            Después que hubo terminado todas las palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaum.  Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir.  Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo.  Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y no edificó una sinagoga.  Y Jesús fue con ellos.  Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a El unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a tí; pero dí la palabra, y mi siervo será sano.  Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: vé, y va; y al otro: ven, y viene; y a mi siervo: haz esto, y lo hace.  Al oír esto, Jesús se maravilló de él y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: os digo que ni aún en Israel he hallado tanta fe.  Entonces, Jesús dijo al centurión: ve, y como creíste, te sea hecho.  Y su criado fue sanado en aquella misma hora.  Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.


Lugar y Fecha:


            Este acontecimiento sucedió en la ciudad de Cesarea, en la primavera del año 28 D.C. (Thomson, s.f.: 223-234).  Cesarea era una ciudad situada aproximadamente a 104 kilómetros al Noroeste de Jerusalén, en la costa del Mediterráneo.  Construida por Herodes el Grande entre los años 29-20 A.C., en el sitio de la Torre de Estratón, en honor a Augusto César.  La ciudad de Cesarea llegó a ser el asiento principal del gobierno oficial romano en la Tierra Santa, bajo los procuradores y los reyes herodianos. (Nelson, 1977: 113).


Identificación: Siervo de un centurión romano en Cesarea. (Barclay, 1973: 317.  Volumen 1).


Descripción de la Enfermedad:


            La enfermedad en cuestión era una parálisis de evolución aguda.  Mateo dice que el paralítico yacía en cama, gravemente atormentado; y, Lucas dice que estaba a punto de morir.  Se cree que, en su caso, se trataba de una infección tetánica (Nelson, 1977: 488).  El tétanos es una: Enfermedad toxiinfecciosa debida al bacilo de nicolaier, muy repartido en el suelo y en el polvo y habitante natural del tubo digestivo de ciertos animales.  El tétanos se produce secundariamente con mucha frecuencia en las heridas infectadas con tierra, estiércol o excremento de vaca o caballo.  ....  Aparece un trismo o contracción en los músculos masticadores que impide abrir la boca y dificulta la masticación.  Esta contracción se extiende después a los músculos de la columna vertebral –dando al tronco forma arqueada– y se exacerba por crisis paroxísticas.  Se presentan alteraciones de la temperatura, pulso y respiración que afectan profundamente al estado general (Goust, 1968: 197-198).

Circunstancia del Evento:

            Después del Sermón del Monte y de la curación del leproso en el trayecto a Capernaum, Jesús llegó de nuevo a la ciudad.  En Cesarea, había un centurión que tenía bajo su mando un comando de cien soldados.  Cuando se enteró que Jesús estaba de nuevo en la ciudad de Capernaum recurrió a El con una petición especial (Clarke, 1974: 22.  Tomo III).  Era pagano, pero ya no le satisfacían los mitos politeístas, y su hambre religiosa ya no se saciaba con la sabiduría filosófica en boga.  Por ello, simpatizaba con el monoteísmo y la moral judía.  Este centurión se había transformado en un hombre temeroso de Dios, profesaba una fe en el Dios único, tomaba parte en el culto judío.  No obstante, no se había convertido en prosélito todavía.  Se mostraba complaciente para con el pueblo de Dios y cuando so-licitaron que el gobierno romano le construyera una sinagoga, él accedió y facilitó todas las tramitaciones legales correspondientes para su edificación. (Stöger, 1970: 200.  Tomo I).
            Sin embargo, en esta ocasión estaba pasando por un tiempo muy difícil, le había sobrevenido una atribulante prueba: su más preciado esclavo, a quien amaba tanto, había sufrido inesperada-mente una parálisis de evolución crónica o aguda.  Este mal lo había puesto en muy mala condición, estaba gravemente atormentado y a punto de morir.  Esto quebrantó el corazón del centurión, quien comenzó a desesperarse y consideró que el caso debía ponerse en las manos del Sanador Divino, Jesucristo.  Sin embargo, la actitud que asumió el centurión en acudir a Jesús, no era un proceder normal dentro de su rango en la milicia romana.  La mentalidad romana era muy excluyente en lo concerniente a un siervo o esclavo, a quien se le consideraba como si fuera un animal.  La Ley romana decía: "No puede haber justicia ni amistad con las cosas inanimadas, ni siquiera hacia un caballo, o un buey, o hacia un esclavo, en tanto esclavo.  Porque el amo y el esclavo no tienen nada en común.  Un esclavo es una herramienta dotada de vida, así como una herramienta es un esclavo sin vida" (Barclay, 1973: 316.  Volumen 1).  No obstante, el centurión deseaba angustiosamente encontrar algún tratamiento médico para que su siervo se curara pronto.  Es interesante que el centurión se percatara que se necesitaba la intervención sanadora del Doctor Jesucristo y que conscientemente lo buscara a través de intermediarios.
            "Lucas nos dice que su primer contacto en esta ocasión fue realizado mediante los ancianos judíos que fueron a Jesús con la petición del centurión y lo declararon digno de la consideración del Señor.  La alta estima en que era tenido se debía a que había construido una sinagoga" (Childers, 1983: 489.  Tomo 6).  El Señor accedió a la petición y decidió acompañar a la comitiva para ir a la casa del centurión para atenderle a su criado que adolecía agónico en cama.  El viaje duró aproximadamente entre uno o dos días, ya que, había que recorrer entre 50 a 60 kilómetros de Capernaum a Cesarea.  Llegaron a Cesarea y cuando faltaba relativamente poco para llegar  a la casa del centurión, este les mandó una nueva orden para que se quedaran allí donde estaban porque él no les dejaría entrar a su casa.  El consideró que tenía razones obvias como para permitir que el Señor Jesucristo entrara a su casa (Trilling, 1970: 185-186.  Tomo I).  Esta segunda comitiva llevó otra nueva petición que decía: "Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aún me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra y mi siervo será sano" (vv. 6-7).  Esta nueva orden y solicitud impresionó mucho al Doctor Jesucristo y respetó la voluntad del penitente centurión.  De paso, aprovechó la oportunidad para presentar unos señalamientos deducidos del incidente.  Había mucha gente que le había seguido hasta aquel lugar y a ellos les dijo: "Os digo que ni aún en Israel he hallado tanta fe" (v. 9).  Luego, procedió a curar al siervo o esclavo por teleterapia.


Ejecución de la Sanidad:

  1. Fórmula utilizada: Y Jesús le dijo: "Vé y como creíste, te sea hecho" (Mateo 8:13).
  2. Efectividad de la sanidad: Por lo visto, "Jesús y el centurión nunca estuvieron en contacto directo" (Childers, 1983: 489.  Tomo 6).  Para el centurión era suficiente que el Doctor Jesucristo transmitiera su acción sanadora, por la vía de la teleterapia.  No era necesario que El tocara el cuerpo del paciente: "bastaban los rayos de su corazón y los rayos de su voluntad que alcanzan a distancias y curan" (Gratry, 1961: 118).  Por esta razón, acudió a El para que sanara a su siervo.  Pareciera que el centurión estaba dispuesto a todo, pero los ancianos judíos se mostraron más osados porque "consideraban necesaria la presencia de Jesús para la curación del enfermo" (Stöger, 1970: 201.  Tomo I).  Sin embargo, el Doctor Jesucristo correspondió a la profunda fe de aquel militar romano: La curación fue completa y fue realizada a distancia. …  "Y al regresar a casa, los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo" (Morrow, 1950: 43).
  3. El precio de la sanidad: ninguno específicamente.

Aplicación Espiritual:


            De este caso, aprendemos las siguientes lecciones:

  • "La fe en Jesús puede librar el alma paralítica, muerta en delitos y pecados" (Ibid, 1950: 43).
  • Las bendiciones espirituales no son concedidas al creyente por su posición social u otro mérito, sino sólo por la fe (Barclay, 1973: 319.  Volumen 1).
  • No son las buenas obras las que nos permitirán un libre acceso para disfrutar de un contacto con el Señor de la Vida, sino la fe salvadora.

 

MSc. Rony Cuxum Ruiz
Director de Registro
Catedrático
Universidad Evangélica de las Américas

 

 

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