
MSc. Rony Cuxum Ruiz
Director de Registro
Catedrático
Universidad Evangélica de las Américas
Sanidad de un paralítico en Capernaum.
Este relato histórico, sobre la curación del hombre paralítico en Capernaum, es presentado en los Evangelios Sinópticos.
Enfermedad: Parálisis.
Libro de Registro: San Lucas 5:17-26.
Aconteció un día, que El estaba enseñando y estaban sentados los fariseos y doctores de la Ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con El para sanar. Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de El. Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. Al ver la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados. Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué caviláis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A tí te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Al instante, levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios. Y todos, sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios; y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto maravillas.
Lugar y Fecha: Capernaum de Galilea, primavera de año 128 A.C. (Thomson, s.f.: 198, 223).
Identificación: Paralítico de Capernaum.
Descripción de la Enfermedad:
En este caso, la parálisis de este hombre era de evolución crónica, el cual se caracteriza por un doble aspecto: El dolor físico y el pecado. El padecimiento físico era producto de una intensa culpabilidad de pecado; se consideraba que la enfermedad y el pecado eran consecuentes. En Palestina había un fuerte énfasis sobre el hecho que si alguien adolecía bajo una enfermedad era por ser un vil pecador. Por ejemplo, sobre este respecto los rabinos habían tenido diversidad de criterios:
El rabí Amí dijo: No hay muerte que no provenga de algún pecado, ni enfermedad que no provenga de una transgresión. El rabí Alejandro dijo: El enfermo no se levanta de su enfermedad hasta que sus pecados le hayan sido perdonados. El rabí Chija Aben Abba dijo: Ningún enfermo puede curarse si no ha encontrado el perdón de sus pecados. Por eso, no queda lugar a dudas en el caso que estudiamos: ese hombre no hubiera podido aceptar que estaba sano hasta estar seguro de que sus pecados le habían sido perdonados. Es muy probable que hubiera sido verdaderamente un gran pecador, y que estuviera convencido de que su parálisis era el resultado de sus pecados, lo cual no es de modo alguno imposible; y sin la seguridad del perdón jamás hubiera podido sanar (Barclay, 1973: 343. Volumen 1).
Circunstancia del Evento:
"Este incidente sigue inmediatamente en orden de tiempo a la curación del leproso" (Jamieson, Fausset, Brown, 1973: 48. Tomo II). Después que Jesús había realizado su primera gira por Galilea o, tal vez, en su transcurso, estaba en una casa en Capernaum impartiendo sus enseñanzas. El evento parece no haber tenido lugar en la casa de la suegra de Pedro (Broadus, s.f.: 22). Lucas observa la secuencia de cinco disputas de los adversarios de Jesús: "Sobre el perdón de los pecados (5:17-26); sobre el comer con los publicanos y pecadores (5:27-32); sobre el ayuno (5:33-38); sobre arrancar espigas en sábado (6:1-5); sobre curar en sábado (6:6-11)" (Harrington, 1972: 123). En esta ocasión, hay una multitud y también están los fariseos, doctores de la Ley y escribas, presenciando un evento que "combina el poder de curar la parálisis de este hombre en Capernaum, con la autoridad divina de perdonar pecados" (Thomson, s.f.: 199).
La situación era crítica, este paralítico no podía movilizarse por sí solo. Además, "quizá ya estaba totalmente resignado con su destino, había perdido todas las esperanzas. Bien puede ser que sus amigos lo hayan llevado aun contra su voluntad" (Barclay, 1973: 342. Volumen 1) a la presencia de Jesús. No cabe duda que ellos habían hecho otros intentos en favor de la curación de su amigo, pero no habían tenido éxito. Ahora, habían oído de Jesús. Averiguaron dónde estaba y derribaron cada obstáculo que se les presentó para poder llevar a su presencia al amigo doliente. No pudiendo entrar por la puerta, por estar atestada de gente, ingeniaron otra forma. De modo que, subieron a la terraza, abrieron un boquete y por ahí bajaron al paralítico que habían llevado postrado en un camastro. Para entender un poco este proceder, veamos la siguiente acotación al respecto.
Las casas en Palestina tenían azoteas. La azotea se usaba como un lugar tranquilo donde se podía dormir de noche, de modo que por lo general se tenía acceso a ella por una escalera exterior. La construcción del techo, permitía hacer lo que estos hombres ingeniosos se habían propuesto. El techo estaba apoyado sobre vigas planas que iban de pared a pared distanciadas cosa de un metro entre sí. Sobre las vigas se colocaba una capa de ramas, cubierta con barro apisonado. Luego, se revolcaba la superficie. Sien-do que la mayor parte del techo era de tierra, no era poco frecuente que en las azoteas creciera hierba. Hacer un agujero en este techo, aprovechando el espacio entre dos vigas, era la cosa más fácil del mundo. No ocasionaba un daño demasiado grande, y era muy sencillo repararlo después. De manera que estos hombres hicieron un agujero en el techo y descolgaron por él a un amigo, directamente a los pies de Jesús (Barclay, 1973: 58. Volumen 1).
Por supuesto, ya "en presencia de Jesús aumentó su vergüenza y remordimiento" (Morrow, 1950: 46), pero el Señor de la Vida tuvo compasión de él y decidió atenderlo amorosamente. Este sentir del Doctor Jesucristo se debió por la atrevida fe y convicción de los amigos del paralítico.
Ejecución de la Sanidad:
- Fórmula utilizada: Y Jesús le dijo: "Hombre, tus pecados te son perdonados. Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa" (vv. 20, 24).
- Efectividad de la sanidad: Muchos habían supuesto que la parálisis de este hombre era causada por sus iniquidades, y puede ser que él mismo estuviera muy convencido de ello. Los judíos acostumbraban enseñar que una parálisis era el efecto de los pecados y que el sufrirla era el remedio de ella, o sea su expiación. A lo mejor, este paralítico albergaba la idea que si se curaba físicamente, le quedaría todavía la culpabilidad de sus iniquidades. Su mal era doble: Sentimiento de culpa por sus pecados y la aflicción por la parálisis (Thomson, s.f.: 200). "Es probable que este paralítico, en lo íntimo de su corazón deseara más la curación de su alma, dejando que otros se ocuparan de su cuerpo pues el primer milagro de sanidad se efectuó en su alma" (Clarke, 1974: 24. Tomo III). El Doctor Jesucristo curó a los hombres de diversas enfermedades, "pero aquí: perdona pecados y cura" (Trilling, 1970: 199-200. Tomo I). En este caso, la enfermedad del pecado es la más grave, porque ningún médico humano puede enfrentarla, solamente Dios. El, como Hijo de Dios y Médico Divino, dio pruebas de tener poder y autoridad sobre la enfermedad física y sobre la enfermedad interna. "Al empezar Jesús por pronunciar la palabra perdón, elimina la raíz más profunda del mal, y la liberación de la dolencia corporal no es sino el remate de la curación al tiempo que la confirmación de que al hombre se le han perdonado los pecados" (Schnackenburg, 1973: 62. Tomo I). Aquí se hace notorio la majestad del Doctor Jesucristo: "Tiene el poder de curar a los enfermos que en este caso es lo más difícil, puesto que la curación puede comprobarse" (Stöger, 1970: 158. Tomo I). La disconformidad de los fariseos y escribas radicaba en el hecho que Jesús se atribuyera la facultad de perdonar pecados, cuando eso sólo le correspondía a Dios. Sarcásticamente, debatían en sus corazones, cruzándose las miradas entre ellos y aseguraban que tal enunciamiento lo podía hacer cualquiera. Al fin y al cabo, no se podía comprobar el efecto de algo que no es visible. No obstante, el Médico Divino tira por el suelo esta opinión teórica de sus adversarios y les dijo que El, como el Hijo del Hombre, estaba facultado para perdonar pecados. Y como si les redarguyera, les dice: "¿Dónde está la diferencia: perdonar los pecados que son el resultado de la muerte espiritual en el espíritu del hombre, o sanar la enfermedad de su cuerpo físico, la cual también es el resultado de la misma muerte espiritual? En ambos casos, Jesús trata con la esclavitud del hombre causada por Satanás" (Kenyon, 1961: 185). De modo que, el Señor de la Vida dejó pasmada a la multitud, llena de temor reverente, cuando ordenó al paralítico que se levantara y se llevara su camastro, en el cual había sido transportado al lugar. "Al instante, levantándose en presencia de ellos y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios" (v. 25).
¡Qué maravilla! El cuerpo antes atormentado por aquella enfermedad había quedado de nuevo bajo el dominio de los músculos. El hombre estaba fuerte y sano, y con la cara radiante de alegría y la voz llena de emoción glorificaba a Dios. Sus pecados estaban perdonados y su cuerpo había quedado sano. La casa quedó vacía. Todos querían ver y seguir a aquel hombre que había recobrado la salud. Algunos empezaron a alabar a Dios y otros se les fueron uniendo hasta que se formó un gran coro de alabanzas a Dios por haber enviado al Mesías (Smith, 1964: 35).
- El precio de la sanidad: ninguno específicamente.
Aplicación Espiritual:
De esta historia aprendemos las siguientes lecciones:
- Que la fe debe permanecer firme y victoriosa, a pesar de las dificultades. No sólo los cuatro amigos "portadores tenían la misma fe del enfermo, sino que Jesús la señaló como una fe que había de ser vencida, una fe victoriosa sobre todas las dificultades" (Jamieson, Fausset, Brown, 1973: 94. Tomo II).
- Hay ocasiones cuando la curación corporal se obtiene por la mera fe de amigos cristianos sumada a la fe del paciente, pero en ningún momento sucede así con la curación del alma.
- La curación del alma está condicionada por el arrepentimiento. Para que el perdón absoluto del paralítico fuese moralmente posible y verdadero, era necesario que Jesús viese en ese hombre tanto el arrepentimiento como la fe (Bonnet, Schroeder, 1974: 128. Tomo 1).
- No siempre existe conexión causal entre pecado y enfermedad, pues no todos aquellos a quienes se les han perdonado los pecados han obtenido la salud corporal; esto es algo que Jesucristo hizo por añadidura en el caso del paralítico (Schnackenburg, 1973: 63. Tomo I).
MSc. Rony Cuxum Ruiz
Director de Registro
Catedrático
Universidad Evangélica de las Américas

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