
MSc. Rony Cuxum Ruiz
Director de Registro
Catedrático
Universidad Evangélica de las Américas
Sanidad de un paralítico en Betesda.
El relato sobre este incidente milagroso, está narrado exclusivamente en el Evangelio de San Juan.
Enfermedad: Parálisis.
Libro de Registro: San Juan 5:1-18.
Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día. Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho. El les respondió: El que me sanó, El mismo me dijo: Toma tu lecho y anda. Entonces le preguntaron: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda? Y el que había sido sanado no sabía quién fuese, porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar. Después le halló Jesús en el Templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor. El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado. Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo. Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Por esto los judíos aún más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.
Lugar y Fecha:
Betesda en Jerusalén de Judea; abril del año 28 D.C. (Thomson, s.f.: 204-209). Betesda significa: casa de misericordia. El estanque de Betesda estaba situado al lado Norte del área del Templo de Jerusalén. Consistía en un foso, tallado en roca, de 12 metros de profundidad por 34 metros de ancho (Owen, 1975: 88). Estaba techado y tenía cinco pórticos. "La piscina es de mármol blanco, de forma circular, y cubierta de una cúpula sostenida por columnas. El estanque está rodeado interiormente de una grada donde se puede uno sentar" (Bonnet, Schroeder, 1974: 121-122. Tomo 2). El texto original no menciona a ningún ángel. Este estanque (piscina) era alimentado periódicamente por una corriente de agua proveniente de una fuente intermitente, bien de agua estancada y propulsada a ciertos intervalos, con el fin de aumentar su virtud curativa. Otra versión indica que era alimentada por agua de lluvia que al caer al estanque se ponía de color rojo. El color rojo indica, más bien, un agua mineral dotada de una virtud curativa. La creencia popular opinaba que, cada vez que se producía un borbollón por el ingreso del agua al estanque, traía consigo una nueva virtud curativa (Bussche, 1972: 270-271). Otra versión dice que "los primeros borbotones podían haber traído algún gas o líquido que contuviera cierta virtud curativa y el primero que se metiera en el estanque, podía recibir el beneficio" (Thomson, s.f.: 207).
Identificación: Judío paralítico por 38 años, de Jerusalén (Ibid, s.f.: 207).
Descripción de la Enfermedad:
El término "paralítico significa: enfermo, cuyos miembros están secos, tullidos, atrofiados" (Bonnet, Schroeder, 1974: 121. Tomo 2). La enfermedad de este hombre podría clasificarse como una paraplejía fláccida, ya que, las características básicas de esta enfermedad se resumen así: "Invalidez total de los miembros atacados, que pueden ser movidos por un agente externo sin resistencia alguna y que, a consecuencia de la hipotonía muscular, ya no sostienen al paciente; hay abolición de los reflejos, trastornos de la sensibilidad o de los esfínteres" (Goust, 1968: 315). Lo crítico de la condición denigrante de este hombre se hacía evidente por los 38 años que había padecido de parálisis. No se especifica por "cuánto tiempo había estado echado allí bajo ese portal; pero parece que ya tenía perdida la esperanza de ser curado, y que se había hecho tonto. Su enfermedad fue causa-da por su pecado, y las palabras de Jesús indican que aún los cometía" (Thomson, s.f.: 207).
Circunstancia del Evento:
Jesucristo había viajado de Galilea a Jerusalén para la Fiesta de la Pascua. El sábado, al inicio de la Pascua, decidió ir al estanque de Betesda sin que nadie lo invitara. "Jesús fue al estanque de Betesda con el objeto de hacerse de una oportunidad para manifestar de una vez y para siempre y con toda claridad ante las autoridades en Jerusalén, su poder milagroso y declarar sin rodeos ni evasivas Quién era El, y cuál su autoridad y misión en la tierra" (Ibid, s.f.: 206).
Mientras caminaba alrededor del estanque, alguien debió haberle señalado "al hombre de esta historia como un caso crónico y digno de compasión, puesto que su enfermedad hacía muy poco probable, y aun imposible, que alguna vez llegara a ser el primero en entrar al estanque después que se hubiera agitado las aguas" (Barclay, 1974: 188. Volumen 5). El caso de este paralítico era desesperante y angustioso. "¡Treinta y ocho años enfermo! Juan indica la larga duración de la enfermedad, a fin de destacar el carácter milagroso de la curación" (Bussche, 1972: PP. 272). El Doctor Jesucristo se acerca al hombre paralítico y le hace una pregunta, que a simple vista pareciera ser ridícula. No obstante, lo hace con el único propósito de incitar su fe que, a su vez, estaba paralizada: "¿Quieres ser sano? (v. 6). El fin de la pregunta de Jesús fue para excitar esa voluntad paralizada, como el cuerpo enfermo; también, quería atraer hacia sí la atención de ese desdichado, entrar en relación con él, encender en él una primera chispa de confianza y de fe" (Bonnet, Schroeder, 1974: 122. Tomo 2). Es interesante notar que Jesús no se ofrece en ayudar al paralítico únicamente para introducirle al estanque cuando se moviera el agua. Claro que, esto hubiera sido una buena obra de caridad y lo más fácil de hacer. Sin embargo, los propósitos divinos eran otros. Entonces el paralítico, todo confuso y sin entender muy bien el sentido de aquella interrogante, pero con una angustia profunda, respondió que su mayor anhelo era poder estar sano. Esta respuesta y actitud positiva del paralítico fueron suficientes para que el Médico Divino procediera a curarlo.
Ejecución de la Sanidad:
- Fórmula utilizada: "Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho y anda" (v. 8).
- Efectividad de la sanidad: "Jesús se manifestó al obrar este milagro como el Dador de la Vida" (Earle, 1982: 244). Lo grandioso de esta curación fue la rapidez con que se puso de pie, después de 38 años de no hacerlo; "obedeció firmemente la orden del Médico Divino, recogió su jergón y anduvo libremente" (Thomson, s.f.: 207). Aquel hombre quedó completamente sano, y aunque ello provocara disconformidad entre los adversarios de El, el acto milagroso definió ante ellos su Deidad. "El hombre queda sano total e inmediatamente; y esta repentina restauración de la salud y la fuerza fue prueba irrefutable de la omnipotencia de Cristo" (Clarke, 1974: 175. Tomo III).
- El precio de la sanidad: Jesús le dijo: "Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor". (v. 14). La idea de alguna cosa peor tiene que ver con la perdición eterna.
Aplicación Espiritual:
De este relato deducimos las siguientes enseñanzas:
- El paralítico, a pesar de ser un devoto judío, no sabía quién era el Doctor Jesucristo cuando le preguntó si quería ser sano. Nosotros debemos cultivar una buena relación con El para estar sensibles a su voluntad en medio de las tempestades de la vida.
- Cuando el Señor nos ordena hacer algo por El, no dudemos ni vacilemos en obedecerle con convicción.
- Este paralítico estaba abandonado al no tener tan siquiera a alguien para que lo introdujera al estanque. En nuestra experiencia personal, aunque todo el mundo nos abandone, el Señor de la Vida no nos faltará. Siempre estará a nuestro lado, listo a socorrernos en todo momento.
MSc. Rony Cuxum Ruiz
Director de Registro
Catedrático
Universidad Evangélica de las Américas

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