
MSc. Rony Cuxum Ruiz
Director de Registro
Catedrático
Universidad Evangélica de las Américas
Sanidad de la mano seca de un hombre en Galilea.
Este milagro de sanidad está narrado en los Evangelios Sinópticos.
Enfermedad: Parálisis en una mano.
Libro de Registro: San Marcos 3:1-6.
Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano. Y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle. Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio. Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban. Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana. Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra El para destruirle.
Lugar y Fecha:
Suceso que tuvo lugar en algún sitio de Galilea, en abril del año 28 D.C. (Thomson, s.f.: 218; Cf. Jamieson, Fausset, Brown, 1973: 57. Tomo II).
Identificación:
Un albañil de Galilea que se le había secado la mano derecha. "El Evangelio según los Hebreos* dice que este hombre se acercó a Jesús con la siguiente petición: yo era albañil; me ganaba la vida con las manos. Te ruego, Jesús, que me devuelvas la salud para que no necesite mendigar la comida con vergüenza (Barclay, 1973: 37. Volumen 2).
Descripción de la Enfermedad:
Probablemente, todo el brazo estuviera inutilizado, pero los efectos de esta dolencia ya se había comenzado a notar en la sequedad de la mano. En los casos anteriores hemos visto, que la parálisis es una enfermedad incurable. En este caso, la mano derecha se había secado por la inactividad del tejido nervioso y muscular, y por la falta de irrigación sanguínea. Es factible que la neurona motora estaba atrofiada y no transmitía ningún estímulo al tejido
____________________
* Este es un libro apócrifo.
muscular. Además, el tejido muscular se había distrofiado por una anormalidad en su placa motora terminal, lo cual impedía la contracción muscular. El descenso drástico del aporte sanguíneo había obstaculizado la acción muscular y secó la mano paulatinamente. Esta se redujo de tamaño, se convirtió en un objeto seco, casi sin vida y tieso (Tórtora, Anagnostakos, 1977: 183-194; (Bonnet, Schroeder, 1974: 160. Tomo 1).
Circunstancia del Evento:
A estas alturas, el Doctor Jesucristo ya había ejecutado muchos milagros de sanidad. Esta vez, "Jesús actúa en una hora única en la historia de la salvación, en tiempo y lugar determinados, en circunstancias concretas" (Stöger, 1970 : 168. Tomo I). Como de costumbre, fue a la Casa de Dios para adorar a su Padre en el culto litúrgico unido. Allí en la sinagoga se encontraron cinco clases de personajes importantes: Jesús, el arquisinagogo, el hombre de la mano seca, los fariseos (una comisión especial enviada por el Sanhedrín) (Barclay, 1974: 80. Volumen 3) y los que habían ido a adorar a Dios. Todos estaban asistiendo con diferentes propósitos a la sinagoga. No cabe duda que Jesucristo había oído previamente sobre la necesidad de este hombre. Sabía que este doliente rogaba insistentemente, en sus oraciones, a Dios para que lo socorriera en su desgracia (Clarke, 1974: 34. Tomo III). Es muy Probable que, después que finalizara el acto litúrgico, los fariseos "le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle" (v. 2). Esta situación se convirtió más dramática cuando Jesús invitó al hombre de la mano seca para que se pusiera en medio de los presentes. El problema de los fariseos, en este caso, no incide propiamente en la curación del paralítico, sino contra la retórica de Jesús: "¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida o quitarla?" (v.4). A ellos les costaba permitir que las obras y palabras de Jesús, lo revelaban como el Salvador enviado por Dios. Esto producía en ellos contrariedad y les hacía sumergir su espíritu en las tinieblas de los malos pensamientos y en intenciones criminales contra Quien también había sido enviado para su salvación (Schnackenburg, 1973: 78, 80. Tomo I). Jesús conocía muy bien la Ley sobre el sábado. "La vida del hombre de la mano paralítica no corría peligro alguno. Físicamente no hubiera empeorado si se postergaba la cura un día más. Para Jesús, sin embargo, el caso era un desafío, y lo enfrentó con decisión" (Barclay, 1974: 81. Volumen 3). Entre las razones que Jesús tuvo para colocar al hombre en el centro de ellos, apuntamos las siguientes: Primero, quiso hacer un último esfuerzo para llamar la atención del público sobre el inválido para que vieran por última vez su desgracia. Segundo, quería que nadie pasara por inadvertido el significado de la acción milagrosa que iba a realizar (Ibid, 1974: 81. Volumen 3). Para el Señor de la Vida, lo que importaba era el hombre situado en el centro y no la letra de la Ley. "El hombre que está en medio quiere vivir, vivir sano, no sólo vegetar, quiere sentir gozo de vivir" (Stöger, 1970: 169. Tomo I). Al ver Jesús que su misma religiosidad los tenía entre la espada y la pared; que su legalismo les había endurecido tanto sus corazones, al punto que habían perdido su humanismo, se enojó contra esta actitud y procedió a curar al hombre de la mano seca.
Ejecución de la Sanidad:
- Fórmula utilizada: Y Jesús le dijo: "Extiende tu mano" (v.5).
- Efectividad de la sanidad: La mano fue sanada. El hombre la extendió con fe y obediencia, "y la mano le fue restaurada sana" (v. 5). Mediante esta curación Jesús muestra "que le está permitido restaurar el sentido del sábado según la mente de Dios, ya que Él mismo aporta la restauración de las cosas" (Ibid, 1970: 171. Tomo I). Esta curación es narrada como una prueba de que el Hijo del Hombre también es Señor del Sabbath (Hoskyns, Davey, 1949: 123). El propósito que tenía el Doctor Jesucristo al ordenar que su paciente extendiera la mano "era para que todos pudieran presenciar su cura. El mandato requirió la fe que fue el operativo para la cura. El hombre demostró su fe por su obediencia. La mano le fue restaurada sana como la otra. La cura había sido completa" (Earle, 1983: 125. Tomo 6). De esta forma, el Médico Divino le otorgó tres cosas a este hombre sanado: 1º Le devolvió la salud; 2º le devolvió la facultad para trabajar, ya que, el no hacer nada por muchos años resultaba más difícil de soportar que el mismo dolor; 3º le devolvió su propia estimación. Porque este hombre había llegado a considerarse inútil, miserable y dependiente. Sin embargo, todo esto había cambiado y podía enfrentar la vida una vez más sobre sus dos pies y con sus propias manos; podía satisfacer sus necesidades con independencia y también las de otros (Barclay, 1973: 38. Volumen 2).
- El precio de la sanidad: ninguna específicamente.
Aplicación Espiritual:
De este incidente milagroso aprendemos las siguientes verdades:
- Debemos evitar el rígido legalismo religioso o denominacional, para no perder nuestra sensibilidad humana ante el dolor del prójimo.
- Debemos prestar servicio espiritual, moral, afectivo, social y de orientación al prójimo en todo momento e incondicionalmente (Trilling, 1970: 266-267. Tomo I).
- Debemos ser fieles en nuestros compromisos con el Señor y su obra, a pesar de nuestras pruebas y dolencias físicas. Este hombre siempre iba a la Casa de Dios para adorarle, y su impedimento físico nunca fue un pretexto para su vida piadosa.
MSc. Rony Cuxum Ruiz
Director de Registro
Catedrático
Universidad Evangélica de las Américas

 |