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MSc. Rony Cuxum Ruiz
Director de Registro
Catedrático
Universidad Evangélica de las Américas        

Sanidad del hijo de un noble.


            Este incidente está registrado solamente en el Evangelio de San Juan.

Enfermedad: Fiebre.

Libro de Registro: San Juan 4:45-54.


            Cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén, en la fiesta; porque también ellos habían ido a la fiesta.  Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.  Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo.  Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a El y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir.  Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis.  El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.  Jesús le dijo: Vé, tu hijo vive.  Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue.  Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: tu hijo vive.  Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor.  Y le dijeron: Ayer a las siete lo dejó la fiebre.  El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa.  Esta segunda señal hizo Jesús cuando fue de Judea a Galilea.


Lugar y Fecha:


            La sanidad fue ejecutada desde Caná de Galilea hasta Capernaum, en diciembre del año 27 D.C. (Thomson, s.f.: 166).  Caná dista a 30 kilómetros aproximadamente de Capernaum de Galilea. (Barclay, 1974: 183.  Volumen 5).


Identificación:


            Hijo único de un funcionario real de la corte de Herodes Antipas.  Los eruditos consideran que pudo haber sido Manaén, de quien se habla en Hechos 13:1, como ministro en la iglesia de Antioquía; o Chuza, mayordomo de Herodes Antipas, cuya esposa ministraba a Jesús según San Lucas 8:3.  Este cortesano no vivía propiamente en Tiberías donde vivía el Tetrarca, sino en Capernaum.  Allí ejercía un cargo de reyezuelo (basiliskos) (Ibid.  1974: 166.  Volumen 5; Cf. Bussche, 1972: 245).


Descripción de la Enfermedad:


            En la Biblia, el término fiebre siempre designa una enfermedad y no simplemente un síntoma. (Nelson, 1977: 230).


Circunstancia del Evento:


            Nueve meses atrás (en marzo), Jesús había efectuado el milagro de la conversión del agua en vino allí mismo en Caná.  Después de esto El había ido a Jerusalén para celebrar la Pascua, donde se había quedado durante ocho meses más, ejerciendo el ministerio del bautismo (Juan 3:22).  Las experiencias en el Templo durante la Pascua y el suceso de muchos milagros, habían impresionado a todos los judíos que seguían de cerca sus movimientos.  Después de este tiempo, volvió a Galilea, juntamente con su familia y los discípulos (Thomson, s.f.: 166-167).  Antes de llegar a Capernaum donde iba a residir, pasó por Caná.  Probablemente se hayan hospedado en casa de Natanael, pues este era de allí.  Al entrar a la región de Galilea, se encontró en el trayecto con muchos judíos que le saludaban y congratulaban con mucho respeto.  Mientras estaba allí en Caná, los de Capernaum ya le esperaban ansiosamente.  Entonces, un funcionario real no esperó más razones, sino que subió a Caná para solicitarle sus servicios como Doctor.  Dejó a su hijo grave en su casa y se fue a traer a Jesús consigo.  Se considera que este es uno de los primeros milagros de sanidad que Jesús operó en Galilea.  Y, ¡Qué maneras extraordinarias para iniciar este aspecto de su ministerio liberador!  La gente del lugar se había reunido para ver quién era aquel, hijo de un carpintero de Nazaret, de quien ya se hablaba con cierta especialidad.  En eso, aparece el noble, quien pide a Jesús para que vaya a sanar a su hijo que está en Capernaum.  El Señor de la Vida le escucha atentamente y luego dice: "Si no viereis señales y prodigios, no creeréis" (v. 48).  Por supuesto, esta exhortación no fue dirigida necesariamente sólo al funcionario real, sino también a todos los presentes.  "Esta gente difería enormemente de la de Sicar; ellos no tenían ni amor a la verdad, ni simplicidad de corazón y no habrían creído que algo provenía del cielo a menos que sus mentes fueran forzadas por los milagros más sorprendentes" (Clarke, 1974: 173.  Tomo III).  No obstante, esta reprimenda de Jesús, no logra derribar la fe del padre atribulado.  "En su angustia, insiste, con una emoción que se descubre por el empleo de este diminutivo lleno de ternura: baja antes que mi niñito muera" (Bonnet, Schroeder, 1974: 118.  Tomo 2).  Luego que el "Doctor" Jesucristo puso a prueba su fe, procedió a curar su hijo a distancia.

Ejecución de la Sanidad:

  1. Fórmula utilizada: Y Jesús le dijo: "Vé, tu hijo vive" (v. 50).
  2. Efectividad de la sanidad: El Doctor Jesucristo sanó aquel niño en el mismo instante cuando pronunció: "Vé, tu hijo vive"(v. 50).  En este caso, el Médico Divino hizo uso de la teleterapia (Guang, agosto 1984) para el tratamiento de un niño enfermo que estaba a 30 kilómetros de distancia.  Los eruditos consideran que si El hubiera ido con el funcionario real, de acuerdo a su deseo, este "no habría sido librado de su incredulidad, pues seguiría pensando que el poder de Cristo no habría alcanzado desde Caná a Capernaum.  ...lo sana, estando aparentemente ausente, por esa fuerza mediante la cual llena los cielos y la tierra" (Clarke, 1974: 173.  Tomo III).  Por lo que, al padre no le quedó otra alternativa que aferrarse confiadamente de las palabras del Médico Divino y obedeció.  "El hombre creyó a la palabra y la curación, más rápida que un relámpago desde Caná hasta Capernaum, fue sentida por el joven moribundo" (Jamieson, Fausset, Brown,  1973: 185.  Tomo II).  Al día siguiente, muy de mañana, el noble emprendió el viaje de regreso a Capernaum.  En el camino ansiaba afanosamente comprobar la acción milagrosa de Jesús y, sin duda, se formulaba muchas promesas a Dios.  Por fin, cuando entraba a la ciudad de Capernaum, sus criados le salieron al encuentro y le dieron la buena noticia que su hijo estaba curado.  Y, en ese momento, terminaron todas sus dudas.  Más aún, cuando supo que en la misma hora que Jesucristo le había dicho: "Vé, tu hijo vive"(v. 50), se había efectuado la curación.  Ahora sí, sintió embargado su corazón con un gozo inmenso y profunda gratitud al Señor de la Vida por aquella manifestación de poder milagroso.  Hasta entonces, se convenció que el Doctor Jesucristo era el Mesías esperado y creyó en El con gran regocijo.
  3. El precio de la sanidad: El Doctor Jesucristo le pidió que tuviera fe, que creyera y obedeciera su palabra.  Este funcionario real cumplió con esta orden, pero hizo algo más: él y su familia aceptaron y creyeron en Jesús como el Hijo de Dios, soberano y poderoso.  Ellos experimentaron su salvación espiritual al creer en El.  "Toda la parentela impresionada por la gran bondad de Dios al enviarles la salud a su hijo, fue fácilmente guiada a creer en el Señor Jesús" (Clarke, 1974: 174.  Tomo III).

Aplicación Espiritual:


            De este caso aprendemos lo siguiente:

    • "Si queremos la ayuda que nos puede dar Cristo debemos ser lo suficientemente humildes como para tragarnos el orgullo y no preocuparnos por lo que pueden decir los demás" (Barclay, 1974: 184.  Volumen 5).
    • Dios nunca obra para satisfacer caprichos o intereses humanos.  Él obra a su manera para subsanar todo dolor espiritual, moral y físico de los penitentes.  Si acudimos a Él para que nos socorra en nuestras necesidades, debemos hacerlo con una fe absoluta y no a medias.  Una vez que nos ha respondido, debemos esperar en Él para que perfeccione su obra.

     

     

    MSc. Rony Cuxum Ruiz
    Director de Registro
    Catedrático
    Universidad Evangélica de las Américas

     

     

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