
MSc. Rony Cuxum Ruiz
Director de Registro
Catedrático
Universidad Evangélica de las Américas
Sanidad de la mujer que padecía de hemorragia.
En este caso, encontramos una evidencia clara que Dios no hace acepción de personas, ni de sexo, ni de raza para participar de su gracia. Entre las mujeres que el Doctor Jesucristo atendió, en su ministerio terrenal, citamos por ejemplo: el caso de la suegra de Pedro, de la mujer sirofenicia, de la viuda de Naín, de la hija de Jairo y el de la mujer con flujo de sangre.
Enfermedad: Metrorragia (Nelson, 1977: 236).
Libro de Registro: San Marcos 5:25-34.
Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor. Cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. Porque decía: Si tocare tan solamente su manto seré salva. Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de El, volviéndose a la multitud dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Pero El miraba alrededor para ver quién había hecho esto. Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de El, y le dijo toda la verdad. Y El le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote.
Lugar y Fecha: Capernaum, de Galilea; Otoño del año 28 D.C. (Thomson, s.f.: 281).
Identificación: Mujer gentil de Cesarea de Filipos (Barclay, 1972: 110. Volumen 4).
Descripción de la Enfermedad:
La metrorragia consiste en una enfermedad de hemorragia de la matriz, fuera del período menstrual (Nelson, 1977: 236). Hay pérdida constante de sangre, lo cual significa morir poco a poco. Al perder sangre, se pierde hierro y otras sustancias químicas que el cuerpo necesita para subsistir. La persona se debilita y se vuelve anémica, ya que en el flujo de sangre se pierden glóbulos rojos. La persona sufre física, moral, espiritual y socialmente. La enfermedad de esta mujer era incurable y nadie había podido aliviársela. Iba muriendo lentamente, sin esperanza alguna de curación (Morrow, 1950: 47).
Circunstancia del Evento:
Nuestro Médico Divino había retornado de Gadara, donde no le habían permitido quedarse por haber sanado a los endemoniados y por las pérdidas material que ello produjo. Tan pronto como arribó a Capernaum, en compañía de sus discípulos, le salieron al encuentro la multitud, Jairo y la mujer con flujo de sangre. Cada quien sumido en sus necesidades personales.
Jairo (el arquisinagogo) había ido para pedirle ayuda porque necesitaba que le fuera a curar a su hija que agonizaba por una enfermedad. Para los que conocían a Jairo, esto era raro y vergonzoso, puesto que él era uno de los ancianos de la sinagoga y no tenía por qué arrodillarse para suplicarle. No obstante, el Doctor Jesucristo accedió a su petición y se encaminó a la casa con el angustiado padre. En tanto, había mucha gente curiosa que apretaba y dificultaba el paso. Por su parte, Jairo iba al lado del Señor sanador, consumido de impaciencia, creyendo que cada segundo de atraso, representaba la pérdida de su amada hija. Empero, ... ¡de pronto!, dentro de la multitud caminaba tambaleándose una "pobre mujer enferma, débil físicamente, pero que lucha con la fuerza de la desesperación para llegar cerca del Maestro, con la fe ardiente que sabe que si puede tocarle tan sólo el borde (fleco) de su vestido, será sana" (Trenchard, 1971: 65). Por ser una mujer gentil, nadie sabía nada sobre su padecimiento. Por el "natural apuro y el hecho de que ritualmente era impura (Cf. Levíticos 15:25) le impedían a la mujer buscar abiertamente su curación" (Harrington, 1972: 169). Schnackenburg comenta que esta mujer mestruante o que padecía de hemorragia, no sólo era impura ella misma, sino que hacía impuros a otros por el simple contacto. Como un hecho histórico, este incidente apunta los siguientes datos: La descripción del caso clínico corroborado mediante las observaciones de lo largo de la enfermedad; el esfuerzo inútil de los médicos y el empeoramiento de la enferma; el monólogo de la mujer en tan sólo tocar a Jesús; la comprobación de Jesús sobre el hecho que había salido de El una fuerza; la advertencia superficial de los discípulos; y, la mirada inconfundible de Jesús a la mujer (Schnackenburg, 1973: 138-139. Tomo I).
"Lo hermoso de esta historia es que desde el momento en que Jesús está cara a cara con la mujer parecía no haber allí nadie más" (Barclay, 1972: 112. Volumen 4). La fama de Jesús se había difundido a los cuatro vientos por sus curaciones maravillosas. Cuando esta mujer oyó de El, revivió de nuevo en ella las esperanzas de hacer un último intento para sanar de su azote. Ella había heredado una buena fortuna de sus antepasados. Al comenzar a padecer la metrorragia, buscó incesantemente la asistencia médica; pero, "los médicos no habían tenido éxito en el tratamiento de esta mujer" (Barclay, 1974: 145. Volumen 3). El tiempo transcurría y no sanaba. Esto aumentaba su desesperación, mientras que su fortuna se iba a pique. No le importaba invertir su dinero en lo que fuera, con tal que le diera esperanzas de sanar. Su búsqueda por una medicina eficaz iba de fracaso en fracaso. Durante doce largos años ella había buscado, angustiosamente, remedio para su mal. Cada vez que conseguía algo, su alegría se tornaba en una amarga desilusión porque no se presentaba ninguna mejoría. No sólo había perdido su salud, sino también casi toda su fortuna. Esta mujer había probado toda clase de medicina que pudiera depararle algún alivio corporal. De las alternativas a que había tenido acceso, mencionamos los siguientes: a) Tomó tónicos y astringentes que le habían recetado. b) Obedeció la recomendación de llevar un huevo de avestruz en una bolsa de lino durante el verano y en una bolsa de algodón en el invierno. c) Se le dijo que su mal se curaría, si lograba conseguir y sacar un grano de maíz blanco o de trigo de los excrementos de una burra o mula, y llevarla consigo por un largo tiempo hasta que observara mejoría (Barclay, 1973: 363. Volumen 1). d) Bebió toda clase de medicamento preparado y, en algunos casos, era difícil conseguir los ingredientes. Tal como es el caso siguiente: debía pulverizar goma de alejandría, de alumbre y de azafrán, mezclarlo en vino y tomársela. Otro tipo de preparado, consistía en hervir libro y medio de cebollas persas en vino, y antes de tomársela debía decir, ¡Levántate de tu flujo! Bien, las instrucciones indicaban que después de cierto tiempo que las tomara, experimentaría mejoría, lo cual nunca sucedía y su situación empeoraba. e) Otro de los tratamientos curiosos que probó, fue el que indicaba que debían llevarla a ella a un cruce de caminos, con una copa de vino en su mano derecha y, sin que ella se percatara, que alguien la siguiera muy de cerca y en el momento preciso asustarla con la frase: ¡Levántate de tu flujo! (Broadus, s.f.: 52).
Por lo visto, estos intentos y otros más de carácter supersticiosos, había probado la mujer durante los doce años y ninguno le surtió efecto. Así que, la desgracia de esta mujer era tan dramática que si hubiera tenido marido, seguramente él se hubiera divorciado de ella. Ninguna madre hubiera permitido que sus hijos fueran a jugar a la casa de ella (Jeenes, Harlow, 1949: 37). Trenchard opina que,"Además de la debilidad física, la mujer sufría las consecuencias de una enfermedad que, según los preceptos de la Ley levítica, le impedía todo trato normal con sus semejantes" (Trenchard, 1971: 65). Sumergida en esta situación degradante, le llegó la gran noticia, sobre el poder sanador del Doctor Jesucristo. Lo cual la motivó para viajar a Capernaum, en busca de un posible encuentro con El, aunque fuera tan sólo para verlo y, a lo mejor, si lograba tocar su vestido se sanaría (Stöger, 1970: 241. Tomo I).
"En Palestina los hombres del tiempo de Jesús como los de hoy, usaban lo que podríamos llamar una capa flotante con amplias mangas. Era fácil extender la mano y asirse de las ropas de una persona que pasaba" (Blanchard, 1947: 43). Cuando ella llegó a Capernaum, aprovechó la oportunidad y se mezcló entre la multitud. Al igual que Jairo, tan pronto como se enteró que Jesús había vuelto de Gadara, y que estaba entrando a la ciudad, a como pudo se abrió paso entre la gente para acercarse a El, y llevar a cabo su plan de tocar en secreto al majestuoso "Doctor" Jesucristo. Así, lo hizo.
Ejecución de la Sanidad:
- Fórmula utilizada: "Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote" (v. 34).
- Efectividad de la sanidad: "Cada vez que Jesús sanaba a alguien le costaba algo de sí mismo" (Barclay, 1974: 146. Volumen 3). Cuando la mujer hemorroísa, hizo un último esfuerzo, abriéndose paso entre la multitud para tocar secretamente a su Doctor: en ese instante, "fue como si el tiempo se hubiera detenido" (Barclay, 1973: 364. Volumen 1). "Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote" (v. 29). No sólo se estancó el flujo de sangre, sino que la causa del mismo fue curada, de manera que por sus sensaciones corporales ella supo inmediatamente que estaba perfectamente sanada (Jamieson, Fausset, Brown, 1973: 99. Tomo II). Alguien había desprendido algo de Jesús, El lo notó. Y, ahora, interroga a la multitud: "¿Quién me ha tocado?" (v. 31); pero no porque desconociera quién le había tocado, sino para que la persona bonificada testificara públicamente sobre su experiencia de sanidad. "Jesús empero, insiste para hacerla hablar, iluminarla, convencerla de que no era el contacto de un vestido lo que había producido su curación, sino la palabra poderosa y misericordiosa del Salvador respondiendo a su fe" (Bonnet, Schroeder, 1974: 135. Tomo 1). El quería aclarar a la mujer que el objeto de su fe debía ser en Él mismo y no en su ropa. "Jesús aclaró que era la fe de la mujer en El, no nada mágico al tocar sus ropas, lo que la había sanado" (Sanner, 1983: 319. Tomo 6). Por lo visto, inmediatamente cesó el flujo de sangre. "Sin medicamentos..., por el mero contacto alcanza la mujer lo que durante largos años había intentado en vano el arte de la medicina" (Stöger, 1970: 241. Tomo I). "Vete en paz", Jesús "la despide con una bendición, y con la seguridad de que su cura es permanente" (Broadus, s.f.: 50). Aquella mujer volvió sana a su casa en Cesarea de Filipos y erigió "una estatua (de ella misma) conmemorando su curación" (Barclay, 1972: 112. Volumen 4).
- El precio de la sanidad: Jesús, únicamente le pidió que testificara públicamente sobre la obra milagrosa que el Médico Divino había hecho en su vida.
Aplicación Espiritual:
Este incidente enseña varias lecciones: Primero, que la fe personal debe depositarse únicamente en Jesús y no en las operaciones, ni en los instrumentos humanos que El utiliza para llevar a cabo su obra redentora. Segundo, que Dios hace prosperar la vida del hombre cuando él mismo acude a El en busca de su Poder. Por eso, "Nunca produciremos nada grande a no ser que estemos dispuestos a poner en ello algo de nosotros mismos, de nuestra propia vida, de nuestra alma" (Barclay, 1974: 146. Volumen 3). Tercero, que Dios atiende a cada una de sus criaturas con una bendición especial sin excepción alguna. "El amor de Dios es infinito para cada alma humana, porque cada alma humana es única y ningún otro puede satisfacer esa misma necesidad divina. Dios se entrega por completo a cada ser humano individual" (Barclay, 1973: 364. Volumen 1). Cuarto, nos muestra un "modelo de cómo hay que acercarse a Jesús con una confianza de niños para alcanzar la salud y llegar a la fe plena que es precisa de la verdadera salvación" (Schnackenburg, 1973: 138. Tomo I). Quinto, que las producciones medicinales empíricas y de la tecnología humanas son ineficaces "contra las enfermedades espirituales" (Jamieson, Fausset, Brown, 1973: 99. Tomo II). Sexto, "que hay un mundo de diferencia entre apretar a Jesús y tocarle con fe personal" (Sanner, 1983: 319. Tomo 6).
MSc. Rony Cuxum Ruiz
Director de Registro
Catedrático
Universidad Evangélica de las Américas

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