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MSc. Rony Cuxum Ruiz
Director de Registro
Catedrático
Universidad Evangélica de las Américas

Sanidad del ciego Bartimeo

El relato sobre este milagro de sanidad está referido en los evangelios sinópticos.  Mateo habla de dos ciegos para evidenciar a los judíos la autenticidad de la curación.  No obstante, nosotros consideraremos el caso de Bartimeo específicamente, por estar relatado en los evangelios de San Marcos y San Lucas. (Earle, 1982: 134).  Ha habido diversidad de opiniones en torno a este suceso.  De estos, citamos los siguientes: a) Se sugiere que Bartimeo fue quien tomó la iniciativa de clamar al Señor por sanidad.  b) Se dice que era muy conocido en el lugar.  c) Se relata que fue el único sanado que siguió a Jesucristo y a quien no se le prohibió hacerlo.  d) Está el criterio que Bartimeo haya sido uno de los primeros miembros de la Iglesia Primitiva.  e) Por último, está también la versión que el otro ciego (en el caso de Mateo) fue sanado en la salida de la vieja ciudad de Jericó, en cambio Bartimeo fue sanado en la salida de la nueva ciudad de Jericó.  El primer caso es como prototipo del Antiguo Pacto, y el caso de Bartimeo como prototipo del Nuevo Pacto. (Earle, 1983: 193.  Tomo 6).


Enfermedad: Ceguera.


Libro de Registro: San Marcos 10:46-52.


            Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.  Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!  Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!  Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: ten confianza; levántate, te llama.  El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús.  Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga?  Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.  Y Jesús le dijo: vete, tu fe te ha salvado.  Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.

Lugar y Fecha:


            Jericó de Judea; marzo del año 30 D.C. (Thomson, s.f.: 371).  Jericó significa: lugar de fragancia.  Ciudad rica y fuerte de la llanura fértil del Jordán, a 250 metros bajo el nivel del mar, a siete kilómetros al Oeste del Jordán y a 25 kilómetros al Noroeste de Jerusalén.  Reconstruida por Herodes el Grande en el siglo I A.C.  La embelleció con palacios, teatros, hipódromos, parques y acueductos.  Jericó era famoso por sus palmeras de dátiles, sus productos de miel, aceite y especias aromáticas.  Jesús estuvo en esta ciudad en varias oportunidades. (Nelson, 1977: 322-323; Cf. Rand, s.f.: 318).


Identificación:


            Bartimeo y otro ciego de Jericó.  Comentando esto, Barclay dice: "Aquí tenemos la historia de dos hombres que se abrieron camino hacia un milagro" (1973: 243.  Volumen 2).  Habían esperado tanto esta oportunidad que cuando llegó, se aferraron a ella desesperadamente.  Dejarlo escapar, significaba perder la oportunidad de ser curados para siempre.
            La mayoría de las enfermedades oculares del Oriente tenían muy pocas perspectivas de curación, y el destino de un paciente era duro y difícil.  Generalmente, "no les quedaba otra salida que la medicación, a lo que se sumaba la angustia interior derivada de semejante situación, de una vida en constante tinieblas.  De este modo, los ciegos aparecen como los representantes de la miseria y desesperanza humanas" (Schnackenburg, 1973: 125.  Tomo II).
Circunstancia del Evento:
            El Doctor Jesucristo se enrumba a Jerusalén, juntamente con todos los peregrinos para ir a celebrar la Pascua.  Tiene que pasar por Jericó.  Una vez allí, transita por las calles principales, acompañado por la multitud a quien enseña y proclama el Evangelio del Reino.  La noche anterior había tenido lugar la conversión de Zaqueo.  El Médico Divino había operado, transformado y sanado la vida de su anfitrión, Zaqueo.  Al día siguiente, había emprendido de nuevo su viaje a Jerusalén.  El camino principal hacia la ciudad Santa atravesaba el centro de Jericó.  Para esa época, eran muchos los judíos que iban a Jerusalén para la Pascua.  No obstante, los que iban se ubicaban a la orilla del camino y deseaban buen viaje a los peregrinos.  Pero, ¡un momento!, lo que causaba la aglomeración del gentío, era el hecho que todo el mundo quería "ver a ese joven y audaz galileo que se había atrevido a desafiar el poder combinado de todos los grupos ortodoxos" (Barclay, 1974: 271.  Volumen 3).  Mucha gente iba por aquella calle.  "En la Puerta Norte de la ciudad estaba sentado un mendigo, Bartimeo" (Ibid, 1974: 271.  Volumen 3).
            Tomás y Felipe se habían adelantado al resto de la multitud y de pronto: ahí tenían frente a ellos, un hombre que por su forma de mirar supieron que era un ciego.  No le hicieron caso, simplemente se sentaron por ahí mientras los alcanzaba la caravana.  Cuando el ciego, se percató del tumulto, preguntó de qué se trataba, a lo que Felipe le respondió despreocupado: "Es que viene Jesús de Nazaret" (Smith, 1964: 24-27).  Entonces, Bartimeo dio un salto y salió corriendo a tropezones hacia la multitud, y gritó con insistencia: "Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí" (v. 47).  La gente lo reprendió para que se callara, ya que estaba perturbando la atención a las enseñanzas del Divino Maestro.  La muchedumbre que acompañaba a Jesús, le seguían sin una profunda fe, "ciegas por lo que respecta a su misión.  El ciego Bartimeo, por el contrario, cree en El como el Hijo de David y como Mesías, de manera firme e inconmovible" (Schnackenburg, 1973: 127.  Tomo II).  Entonces, él no hizo caso, y aunque se había detenido, seguía gritando con dolor, desesperado profundamente, con una voz acompañada de lágrimas de angustia, con un "gripo instintivo de una emoción incontrolable, un alarido, un grito casi animal" (Barclay, 1972: 226.  Volumen 4). Refiriéndose a esto, Broadus relata que "los mendigos en el Oriente son fastidiosos y con frecuencia repugnantes, más de lo que podemos imaginarnos" (s.f.: 106).  No obstante, su pertinencia y persistencia conmovió al Doctor Jesucristo.  "La indignación concentrada de la multitud, se torna en la benevolencia de uno solo" (Trilling, 1970: 192.  Tomo II).
            El Señor de la vida se ha detenido y le hizo señas a Andrés para que se lo trajera.  Algunos de la multitud ven el gesto positivo del Médico Divino y le dicen al ciego: "ten confianza; levántate, te llama" (v. 49).  Cuando él oyó esto, una sonrisa de gozo cubrió su rostro.  Se levantó, se despojó de su capa y harapos arrojándolos a un lado, y comenzó a ir en busca de Jesús aunque fuera a tientas. (Hester, 1974: 190).  Así que, Andrés le tomó de la mano y lo condujo hasta el Doctor Jesucristo.  Una vez allí, El le preguntó: "¿Qué quieres que te haga?" (v. 51).  "Esta pregunta de Jesús no tenía otro objeto que dar ánimo al desdichado y ponerlo en contacto personal con su liberador" (Bonnet, Schroeder, 1974: 417.  Tomo 1) y "para provocar su fe en El" (Jamieson, Fausset, Brown, 1973: 164.  Tomo II).  Por su parte, Bartimeo sabía exactamente lo que necesitaba apasionadamente y no titubeó en expresarle enfáticamente a su Doctor su deseo: "Maestro, deseo recobrar la vista, sáname los ojos" (v. 51)


Ejecución de la Sanidad:

  1. Fórmula utilizada: "Jesús le dijo: recíbela, tu fe te ha salvado". (Lucas 18:42).
  2. Efectividad de la sanidad: El Doctor Jesucristo, sin utilizar ninguno de sus gestos habituales, lo sanó desde aquella hora.  "Bartimeo... había recibido la mejor limosna de su vida" (Sanner, 1983: 368.  Tomo 6).  Bartimeo gozó de la función visual instantáneamente, y la primera persona a quien vio fue a su Médico Divino.  Con un hondo reconocimiento en su corazón, con su rostro bañado en lágrimas, pero con una semblanza llena de felicidad expresó su profundo agradecimiento al Señor de la vida.  "Con regocijo y humildad se acercó a Jesús y, tomándole la mano, la besó fervientemente mientras le expresaba gratitud.  Luego levantó la voz con alegría para gritarle a la multitud que ya podía ver" (Smith, 1964: 27).
  3. El precio de la sanidad: Jesucristo no solicitó ni ordenó nada en este caso.  Sin embargo, Bartimeo decide seguir a su sanador, glorificando a Dios; “y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios" (Hester, 1974: 190).

Aplicación Espiritual:


            Del caso de Bartimeo apreciamos lo siguiente:

  1. Toda persona que busca a Cristo para obtener de Él bendiciones espirituales, debe despojarse de todo lo corruptible. (Broadus, s.f.: 106).
    Barclay hace las siguientes consideraciones: a) Hay que socorrer al necesitado en todo momento.  "Muchos maestros son como hombres que dan recomendaciones a otro que se está ahogando en un mar tempestuoso" (1972: 227.  Volumen 4).  b) Cuando el Señor nos llama, hay que obedecerle inmediatamente, dejar todo vicio y pecado y no dejar desvanecer la oportunidad, la cual no volverá a presentarse con tanta facilidad (Ibid, 1974: 272.  Volumen 3).  c) No tengamos en poco nuestra fe, si hay fe, Jesús la acepta para obrar (Ibid, 1973: 244.  Volumen 2).  d) Debemos evitar ser mal agradecidos.  Es cierto que jamás podríamos devolver a Dios todas las bendiciones que nos ha dado, pero "siempre podemos sentirnos agradecidos y expresarle nuestra gratitud" (Ibid, 1973: 244.  Volumen 2).

    "Si todos los pecadores estuvieran tan listos para despojarse de su propia justicia y costumbres pecaminosas" (Clarke, 1974: 98.  Tomo III) demoraríamos menos en disfrutar la comida celestial que Dios provee a sus hijos obedientes.

    MSc. Rony Cuxum Ruiz
    Director de Registro
    Catedrático
    Universidad Evangélica de las Américas

     

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