
El milagro de La Resurrección de Jesucristo
Por: Rony Cuxum
La Resurrección de Jesucristo no se debe registrar como un acontecimiento o evento histórico que solamente deba celebrarse y recordarse en cada marzo o abril al final de la Semana Santa, este debe disfrutarse cada día.
La Resurrección ocupa un lugar de importancia trascendente en la experiencia y la fe cristianas. Todas las otras religiones del mundo tienen los restos y las reliquias de sus grandes héroes fundadores enterrados o como momias, solamente la fe cristiana TIENE UNA TUMBA VACÍA. A esto se refería el apóstol Pablo cuando decía: “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también nuestra fe... ...aún estáis en vuestros pecados... Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1ª Cor 15:14, 17, 20). El teólogo Wiley puntualiza cinco criterios que se destacan en la importancia doctrinal de la resurrección:
- Primero: “La resurrección de Cristo fue la comprobación misma de las pretensiones de Jesús. Fue el testimonio divino del ministerio profético de Cristo, por el cual sus pretensiones no sólo fueron reivindicadas, sino que su misión fue interpretada a los apóstoles y a los evangelistas.”
- Segundo: “Al ser la nueva humanidad de Jesús, sin pecado, proporcionó la base del sacrificio expiatorio. En la Encarnación, nuestro Señor Jesucristo se vistió de carne y de sangre para que pudiera probar la muerte por todos los hombres; en la resurrección logró la victoria sobre la muerte.”
- Tercero: “La resurrección proporcionó la base para nuestra justificación. ...Jesús nuestro Señor que fue entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitó para librarnos de culpa.”(Romanos 4:25)
- Cuarto: “La humanidad glorificada de Cristo también forma la base para un nuevo compañerismo... y como la base de este nuevo y santo compañerismo, viene a ser el cuerpo de Cristo o sea la Iglesia.”
- Quinto: “La resurrección de Cristo viene a ser la garantía de nuestra futura resurrección. Cristo es las primicias de los que durmieron”. H.O. Wiley. Introducción a la Teología Cristiana. PP. 237-239).
La Evidencia Convincente de la Resurrección
Tomando el relato de los evangelistas Mateo y Juan sobre la verdadera autenticidad del milagro de la resurrección citamos el siguiente extracto que dice: “Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le gran veréis. He aquí, os lo he dicho. Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán. ...Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó. Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que Él resucitase de los muertos”. (San Mateo 28:1-10, San Juan 20:1-9).
El Médico Lucas declaró que Jesucristo “después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del Reino de Dios”. (Hechos 1:3). De acuerdo con el relato bíblico leído dice que la piedra estaba removida. Todos los Evangelios mencionan que la tumba había sido cerrada con una enorme piedra el día viernes por la tarde. Mateo dice que hicieron rodar una gran piedra a la entrada de la tumba (27:60); Marcos dice que la piedra era muy grande (16:4); y finalmente, esto era una prueba que no podía tener otra explicación ya que realmente era muy grande debido a la preocupación de las mujeres cuando preguntaron: ¿quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? (16:3). Bueno, en el Códice Bezae que está en la biblioteca de Cambridge se comenta que cuando pusieron el cuerpo de Jesús en la tumba, José de Arimatea ordenó que se pusiera una piedra a la entrada de esta que veinte hombres no podían mover. Habría sido imposible que los discípulos, mucho menos las mujeres, pudieran removerla. Además, el mismo temor de los sacerdotes y fariseos de que el cuerpo de Jesús fuera robado, sugiere que la piedra usada para cerrar el sepulcro era más grande de lo normal (Mt 27:62-66). Sin embargo, en el amanecer del día domingo, la piedra estaba removida y la tumba estaba abierta. Solamente el poder de Dios podía remover la gran piedra y romper el sello oficial. ¿Cómo lo hizo Dios? Bueno, Él es el Todopoderoso, el Creador del Universo entero, el Soberano Eterno. Cuando Él se hace presente todo se rinde ante Él. Por eso, “hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella”. (Mt 28:2). Esta era una piedra que no solamente era sostenida por las autoridades religiosas judías, sino también por el poder imperial romano y por el diablo mismo que sin duda había apostado a muchos de sus demonios que ejercieran presión sobre la tumba para que nadie pudiera abrirla, excepto el Adonai de todo: el Dios Altísimo. Así que, ¡la tumba estaba abierta, el sello roto, los soldados romanos paralizados y un ángel del Señor sentado victorioso sobre la piedra! La supereminente grandeza del poder divino se había manifestado como dice efesios uno, versículos 19 y 20: “...Este poder es el mismo que Dios mostró con tanta fuerza y potencia cuando resucitó a Cristo y lo hizo sentar a su derecha en el cielo”.
Edersheim un eminente biógrafo de la vida de Jesús decía: “La historia de la vida de Cristo en la tierra termina con un milagro tan grande como el de la concepción. Se puede decir que uno arroja luz sobre el otro. ...como la historia de su nacimiento es verdadera, podemos creer que la de su resurrección también lo es. ...por la naturaleza del evento, su resurrección demanda y tuvo la evidencia histórica más completa”. Otro connotado erudito bíblico Buttrick comentaba que “ningún libro pudo, o puede, contar ese gozo, excepto como un eco de los Evangelios, pues hay sólo un Cristo y sólo una resurrección”. Al amanecer del primer día significa cuando apenas empieza a distinguirse la cosas antes que salga el sol, se observa una promesa de luz, como si alguien hubiese encendido una llamarada más allá del horizonte, la tumba sellada y protegida estaba abierta e irradiaba con un fulgor indescriptible. El evento de la resurrección fue de tal magnitud y como clímax culminante del plan redentor de Dios que cambió el sábado judío e hizo de él el domingo cristiano.
La presencia del ángel del Señor en el escenario de la tumba vacía representa una vez más la manifestación divina observada a través de la Historia de la Salvación, de acuerdo con el relato bíblico desde el Génesis. El comentarista bíblico Maclaren se refiere a este hecho así: “Leemos mucho del ángel en la historia del nacimiento, pero nada durante la vida de Cristo. Ahora aparece otra vez... como un siervo que espera humilde, en demostración de que los seres más altos contemplaban esa tumba vacía con adoración reverente, honrados porque podían protegerla... La muerte no tiene terror para ellos, pero el que había nacido en ella era también el Señor de los ángeles”. Cuando Jesús nació los ángeles glorificaron el inicio del ministerio del evangelio de la redención, ahora están presentes celebrando y dando de nuevo las buenas noticias de bendición para la humanidad. Su participación paralizó a los guardas, quienes hubieran alejado sin misericordia a las mujeres de la tumba. Después, para terminar su función, los ángeles quitaron la piedra del sepulcro, lo cual, las manos de las mujeres no hubieran podido haber hecho. Allí, junto a la tumba vacía, los adoradores del Rey resucitado, celestiales y terrestres, se reúnen y se dan las manos, como los primeros frutos de un nuevo orden. Antes de seguir, queremos recalcar un hecho, para no dar chance a otro concepto epistemológico que intente desvirtuar el gran evento milagroso de la resurrección. NO FUERON LOS ÁNGELES QUIENES AYUDARON A JESUCRISTO PARA QUE SALIERA DE LA TUMBA. EL SIEMPRE TUVO EL PODER PARA DAR SU VIDA Y PARA VOLVERLA A TOMAR. LOS ÁNGELES ÚNICAMENTE ABRIERON LA TUMBA PARA QUE LOS DISCÍPULOS, LAS AUTORIDADES DE ESTE MUNDO Y LAS FUERZAS DEL MAL VIERAN QUE JESÚS YA NO ESTABA ALLÍ, EL HABÍA RESUCITADO POR SÍ MISMO CON EL PODER DE LA GLORIA DE DIOS.
La ropa con que Jesús fue amortajado para el entierro el día viernes, ahora estaba ordenada o debidamente doblada en la tumba vacía, hasta eso hizo antes que los ángeles abrieran la tumba frente a los espectadores. Esta es otra evidencia tangible: los lienzos y el sudario puestos ordenadamente a un lado. El comentarista Adam Clarke dice que “la providencia de Dios ordenó estas cositas, para que tuvieran las pruebas más evidentes en contra de la mentira de los sacerdotes de que el cuerpo había sido robado por los discípulos. Si el cadáver hubiera sido robado, los que lo hubieran hecho no se hubieran detenido para quitarle las envolturas, envolverlas y colocarlas en lugares separados”. No hubo indicios de prisa, la tumba vacía daba toda la impresión de calma perfecta. Los lienzos y el sudario habían quedado intactos y puestos en lugares separados. Era obvio que el cuerpo de Jesús no había sido robado ni por sus amigos ni por sus enemigos. La única respuesta es que el cuerpo del Señor salió de los lienzos que lo ataban desde los pies hasta los hombros y el sudario que envolvía su cabeza, los dobló y ordenó donde había estado descansando su cuerpo por tres días en la tumba.
El idioma humano es poderoso, pero es insuficiente e incapaz para describir las cosas celestiales. Todas las cosas de Dios tenemos que interpretarlas, entenderlas y explicarlas a través de la FE. De otra forma el razonar humano sencillamente es terreno y aunque el hombre tiene una gran capacidad cognoscitiva para explicar una infinidad de cosas, frente a lo eterno le es imposible porque es finito, el Señor mismo lo ha dicho en su Palabra: “porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová” (Isaías 55:8). “¡Ha resucitado!” es el hecho que dio vida a la Iglesia Cristiana Primitiva, y es lo que la ha vitalizado a través de los siglos y la vitalizará para que cumpla con su misión evangélica.
El destino trágico del hombre estaba sellado por la seducción del imperio de Satanás. Fue necesario que Cristo encarnara y compartiera nuestra humanidad. Fue necesario que muriera voluntariamente para redimirnos y reconciliarnos con Dios. Era
necesario que venciera la muerte, literalmente que la quitara, y eso fue lo que hizo nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a la luz la Vida Eterna. Fue investido con poder y gloria, y la derrota de Satanás, la muerte y el pecado fue contundente. Así que, sus discípulos a quienes Él había redimido con brazo fuerte del dominio del príncipe de las tinieblas, y hoy a nosotros también, hemos de ir por todos los caminos y entrar a todas las culturas para declarar en todos los idiomas el Evangelio de la Salvación. Esta es la labor didáctica de la Iglesia. Lo que estamos haciendo del mañana es parte de ella. ...nuestra misión es la labor evangelística de hacer discípulos y bautizarlos. Pero ambas misiones se fundamentan en el poder y la realidad de la resurrección. La Gran Comisión es posible sencillamente porque tenemos la Gran Presencia del Jesús resucitado.

Pruebas de la Resurrección de Jesucristo para el día de Hoy
El pastor Ivan Beals en su artículo sobre las Pruebas de la Resurrección para el Día de Hoy, me llamó la atención su comentario a este respecto que decía:
La declaración de esos primeros cristianos, de que Jesús se había levantado de los muertos, sigue siendo el centro de toda la fe cristiana. El cadáver de Jesucristo nunca fue exhibido, para demostrar que no había resucitado. Su tumba permaneció abierta y vacía. Es cierto que se acusó a sus discípulos de haberse robado el cuerpo, pero nunca fueron llevados a la Corte por eso. Durante tres días, y hasta que Jesús se les apareció a sus seguidores más cercanos, ellos mismos creyeron que alguien se había robado el cuerpo. Desde luego, el Señor hizo trizas la acusación cuando se apareció entre ellos, ¡vivo! Al escuchar las inquietantes noticias de que Cristo se había levantado de entre los muertos, las autoridades trataron de sofocarlas. Pero ningún comité pudo fabricar suficiente evidencia para silenciar el Evangelio de la resurrección del Maestro. Las felices noticias se extendieron como la luz del nuevo día. Hasta las negras amenazas de la prisión y la muerte perdieron su fuerza ante la proclamación gloriosa de que el Salvador había resucitado.
Entonces, ¿había Jesús resucitado de veras como había dicho? ¿Había salido del sepulcro como sus discípulos declararon con osadía? Muchos pensaron que la tumba vacía de Jesús era una farsa, y el futuro seguía oscuro. Pero algunos de ese día creyeron la feliz noticia con todo su corazón. Y pareció como si esto les diera a sus vidas algo de ese poder de la resurrección. Las sorprendentes apariciones de Jesús a sus seguidores produjeron una esperanza firme. No fue fácil para los contemporáneos de Cristo creer en ello que lo que es para nosotros. Pensemos en la inesperada escena de entonces: una enorme piedra removida de su lugar, y una tumba que había estado ocupada y sellada, y en la que ahora había una entrada angosta, por la que se podía ver que adentro había una mortaja en el suelo. ¡Estaba vacía! Lo primero que se les ocurrió fue: ¡alguien se ha robado el cuerpo! Pero esos temores fueron calmados por las apariciones de Jesús a los suyos. ¿Y cómo se nos aparece a nosotros, tantos siglos después? En cierto sentido, cada persona viene a un encuentro cara a cara con la Presencia universal de Cristo. Hay mucha variedad en lo que los seres humanos experimentan, pero el resultado de esos encuentros es la confirmación de que Cristo vive. Y esto es la base para la doctrina cristiana. Cualquiera otra explicación además de la de su resurrección lo hace a Él un mentiroso. Por otro lado, su presencia espiritual revelada a nosotros, es la demostración de su resurrección.
Los cristianos no tienen que esperar hasta la prueba de la resurrección que vendrá en el Día Final. Los creyentes afirmamos que sabemos que Cristo vive porque vive en nuestro corazón. Le damos gracias a Dios por habernos dado vida a través de su Espíritu Santo. Pero esta nueva vida que ocurre por la fe en Cristo Jesús es vida que vivifica nuestros cuerpos y nuestros espíritus para justicia. La prueba de la resurrección de nuestro Señor en nuestros días, o en cualquier otro día, se encuentra en las vidas transformadas de los que han puesto toda su fe en Él.

El Poder de la Resurrección de Jesucristo
Mientras preparaba los apuntes para abordar este tema me encontré con un artículo del teólogo W.T. Purkiser sobre El Poder de la Resurrección de Jesucristo y decidí compartir con Uds. algunos puntos que él comentaba:
En las dos décadas recientes, el hombre ha descubierto recursos de poder casi increíble, y parece que no hemos acabado de hacer descubrimientos. Se requiere una enorme cantidad de poder para lanzar un vehículo hecho por el hombre hacia el espacio y enviarlo alrededor de la Tierra. Pero ningún poder terreno puede ir más allá de los límites de lo finito, ni pasar las fronteras del tiempo y del espacio. Para eso tenemos que acudir al poder de la resurrección de Jesucristo. Primero, La resurrección del Señor fue la manifestación del poder de Dios. El hombre puede matar, pero sólo Dios puede dar vida. Jesús fue declarado Hijo de Dios con poder... por la resurrección de entre los muertos (Rom 1:4). Lo que rompió los lazos de la muerte y le dio un cuerpo glorificado al Salvador fue el poder infinito de Dios. Segundo, La resurrección de Cristo es también el canal del poder de Dios. No hay virtud salvadora en un Mesías muerto. El poder del cielo y de la tierra ha sido dados a un Señor viviente. Quien rompe las cadenas del pecado y quien da vida a los muertos y los hace vivir no es el Cristo en un crucifijo, sino el Redentor resucitado. Todo lo que está relacionado a la vida moral y el destino eterno del hombre cambió durante los eventos de esa semana, cuando Cristo fue crucificado y resucitado por el poder de Dios. Tercero, El poder de Su resurrección es el poder de una vida nueva. El Evangelio es poder de Dios para salvación porque en el Evangelio está el poder de una vida sin fin. Es importante que nosotros le demos nuestra vida a Él, pero lo que es más importante es que Él nos dé su vida a nosotros. “...Dios nos ha dado Vida Eterna; y esta vida está en su Hijo. El tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la Vida”. (1ª Jn 5:11-12). Aquí en esta vida tenemos la vida con el sabor de la eternidad. Aquí está la vida que trae consigo la promesa de paz y victoria sin fin. Aquí está la vida que disipa la oscuridad del pecado y que ilumina el sendero hacia Dios. Cuarto, El poder de Su resurrección es poder para una nueva seguridad al confrontar la muerte. El Nuevo Testamento proclama con júbilo que el Señor Jesucristo ha derrotado al diablo, quien tenía el poder de la muerte, y que al hacerlo ha librado a todos aquellos que por el temor de la muerte habían estado sujetos todas sus vida a esa esclavitud. (Heb 2:14-15). Job, tambaleándose hacia la luz que todavía no había sido cabalmente revelada, hizo la pregunta humana: “Si un hombre muere, ¿vivirá otra vez?”. No fue sino hasta que Jesucristo trajo la vida y la inmortalidad a la luz a través del Evangelio es que hubo una contestación satisfactoria a esa pregunta. La encontramos encarnada en esa Presencia que transformó discípulos derrotados y confundidos y los hizo testigos gozosos. El dijo: Porque yo vivo, vosotros también viviréis. Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Juan 14:19, Hechos 1:8).
Conclusión:
Queremos concluir que la Resurrección de Jesucristo no la debemos registrar como un evento que deba celebrarse cada año como una festividad tradicional o común. Esta, hay que vivirla momento a momento, día a día, semana a semana, mes a mes, año a año, es decir, en todo tiempo porque es nuestra razón de Vida Eterna. No hay que permitir que pierda su frescura, efervescencia o vitalidad como sucede con cualesquiera de los acontecimientos históricos o legendarios de una sociedad. Hay que mantenerla viva porque es la evidencia del Cristo Vivo que mora en nuestras vidas.
Los argumentos a favor y en contra de la realidad de la resurrección de Jesucristo llenarían todas las bibliotecas del mundo entero. Desde que ese milagro ocurrió, los que no lo han creído han tratado de desmentirlo. Sin embargo, conviene recordar que aun los discípulos del Señor resucitado dudaron en aquel momento aun presenciando el gran milagro, ...no lo podían creer; además, muy a pesar de los testimonios contundentes que oían proclamar jubilosamente, por lo indescifrable de la situación no hallaban qué hacer y cómo manejar la situación. En fin, el razonar humano siempre ha sido así, pero el accionar de Jesucristo sólo se comprende y se acepta por la Fe Salvadora


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