“Suelta las riendas y entrégaselas a Dios”

Este lema puede ser un antídoto al deseo que tenemos muchos de controlar lo incontrolable. En vez de depender de nuestro ego u obstinación para dirigir nuestras vidas y las vidas ajenas,, aprovechamos la fortaleza, la sabiduría y la compasión de Dios. En lugar de aferrarnos, “soltamos la riendas y se las entregamos a Dios”. A menudo somos nuestros peores enemigos, obstaculizando la ayuda que necesitamos. Cuando ponemos en práctica este lema, nos salimos del camino. Abandonamos el problema, la necesidad de saber qué sucederá y cuándo, la obsesión con las decisiones de otra gente, los pensamientos y las preocupaciones que derrochan nuestro tiempo y nuestra energía porque no podemos resolverlos solos. Y dejamos que Dios se encargue de ellos. Cuando pensamos que ya no hay opciones y que nada funciona como esperamos, cuando no sabemos qué hacer o no podemos imaginar qué se puede hacer, podemos “soltar las riendas y entregárselas a Dios. Cuando la vida funciona sin sobresaltos y probamos nuevas ideas y acciones estimulantes, podemos recordar quién está a cargo de los resultados y “soltar las riendas y entregárselas a Dios. Este lema nos permite reemplazar la tensión, la preocupación y el sufrimiento por serenidad y fe. Está bien distenderse y dejar que la vida siga su curso. Podemos estar seguros de que las respuestas, las decisiones, las acciones y los pensamientos que necesitamos llegarán a nosotros cuando sea el momento porque los hemos colocado en manos de Dios.
Podemos decir en un momento de crisis “suelto las riendas y se las entrego a Dios”, es una valerosa declaraciòn de fe en que prevalecerá el bien y en que cualquier decisión que hubiera podido hacer basada solamente en el juicio humano, habría podido ser imprudente. Por lo tanto, deja el problema en las manos de Dios, y espera su dirección para saber qué hacer.
Para otra persona soltar las riendas y entregárselas a Dios podría denotar apatía, renuncia a desempeñar el papel que a uno le corresponde. Los que le dan la espalda a sus problemas no están soltando las riendas y entregándoselas a Dios, sino abandonando su compromiso de actuar bajo la inspiración y la dirección divina. No piden ayuda ni la esperan: desean que otros actùen en su lugar. No podemos desentendernos de la responsabilidad de hacer frente a mis problemas , por grandes que èstos sean. Es verdad que necesito la dirección divina, pero debo dejarme guiar por ella. No nos entreguemos a la apatía ni al derrotismo, cuando alrededor nuestro hay evidencias de un Dios amante que suplirá todas mis necesidades. Entonces entre más me aferro a mis problemas menos oportunidad le doy a Dios para que me ayude. Cuànto màs ansiosa y desesperadamente trate de resolverlos, menos veré las soluciones. Porque es difícil soltar las riendas? Porque a veces creemos que solamente nosotros somos capaces de resolver los grandes problemas. La ayuda de Dios siempre está disponible, lo único que debemos hacer es un lugar para que él tome parte en nuestra vida y mantenernos dispuestos a aceptar su dirección. No estamos hablando de que soltar las riendas es que todo los que nos toca hacer es esquivar los retos que se nos presentan y que de alguna manera por una especie de magia espiritual Dios obrará. Al dar Dios a sus hijos el libre albedrío, la inteligencia y el sentido comùn, tenía un propósito: que mediante ellos nos realizarámos al usarlos para afrontar los problemas diarios. Puedo estar listo a someterme a la dirección divina por la cual hasta puedo orar con toda humildad, pero además de estar dispuesto, he de colaborar haciendo mi parte. Si soy verdaderamente receptivo, Dios me dará a conocer su voluntad paso a paso cada día, más soy yo quien debe cumplirla. Someterme a la voluntad de Dios no nos otorga licencia para la inercia. Cada uno debe esforzarse en cumplir la voluntad de Dios.
Yo trataba de enhebrar una aguja de esas que tienen el ojo chiquito. Yo luchaba, pero el extremo de la hebra se deslizaba siempre. Automáticamente, me dije: tranquila… suelta las riendas y entrégaselas a Dios… pero eso no me dio resultado. De repente lo comprendì, yo no estaba usando el buen criterio que Dios me dio. Cogí una aguja de bordar de las que tienen ojo grande y rápido como un parpadeo, la enhebré.
Tenemos que estar receptivos para recibir todo cuanto Dios me da, experimentando el hoy y dejando que Dios decida el mañana.
(Lema de Alanoon)

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