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¿Por qué Soy un nazareno?
Por: Presbítero Rony Cuxum Ruiz

 

            Mi infancia fue un tanto dramática.  Mis padres pertenecen a una tribu Rabinal Achí que se ubica en el NorOeste de Guatemala en el Departamento de Baja Verapaz, a 160 kilómetros de la capital.  Mis padres se unieron en vida conyugal a la edad de 17 años.  Como los padres de mi madre no aprobaban dicha decisión entonces huyeron del lugar y se fueron a la región Sur de Guatemala en el Departamento de Escuintla para trabajar en las fincas bananeras y algodoneras.  Yo nací en Pueblo Nuevo Tiquisate, Escuintla.  Tres o cuatro años después ellos decidieron volver a su pueblo en Baja Verapaz y allí crecí con ellos  por un poco de tiempo, porque se separaron y cada quien cogió por su lado.  Fue difícil pero sobrevivimos con mis dos hermanos y mi mamá.  Después mi madre nos abandonó y nos fue a tirar al patio de la nueva residencia de mi papá.  Tiempo después yo enfermé gravemente y cuando creyeron que estaba muerto hicieron los preparativos funerarios, pero antes de llevarme al cementerio hicieron una oración y reviví.  En este pueblo sólo había dos tendencias religiosas: los católicos y los protestantes evangélicos o sea la Iglesia del Nazareno.  Mi padre había decidido llamar al pastor protestante para hacer esta oración.  Después de esto él decidió aceptar a Cristo como su Salvador personal y desde entonces la única Iglesia Evangélica que conocí fue la Iglesia del Nazareno.  No obstante, yo era muy pequeño, mi padre tuvo que reconciliarse casi cada dos meses porque le costaba abandonar su viejos vicios, y yo no tuve la oportunidad para entender en qué consistía una experiencia religiosa o una decisión de fe en Jesucristo.
            El tiempo transcurrió y mi salud experimentó una crisis inexplicable, por lo que mi papá decidió internarme en un Hospital Infantil en la capital de Guatemala a la edad de siete años.  Cuando llegamos a la sala de ingreso del Hospital, dialogó con una enfermera que me tomó los datos y después de media hora aproximadamente, mi padre pretextó salir a hacer un mandado y que regresaría por mí.  Sentí mucho miedo, me puse a llorar y la enfermera trató de tranquilizarme.  Después de dos horas me dijo: -- “Bueno, su papá ya no volvió, mejor te quedas a dormir aquí y tal vez mañana vuelva por ti; y si no vuelve, no te preocupes aquí te vamos a cuidar bien, te vamos a  dar de comer y vas a tener compañeritos con quienes jugar”.  Volví a ver a mi papá un año después que me fue a visitar durante unos 15 o 25 minutos, no quiso entrar a la sala de visitas del hospital, únicamente por la reja del portón principal me saludó e hizo unas cuantas preguntas.  Luego, se despidió y un año después volvió para llevarme a casa porque yo ya estaba rehabilitado.  Nunca supe ni averigüé cuál había sido la enfermedad que me había recluido durante dos años en el Hospital.
            Mi experiencia religiosa en el hospital fue muy curiosa.  Este lugar era patrocinado por las autoridades católicas, así que todos teníamos que cumplir con las prácticas de la fe católica.  Todas las enfermeras y administrativas eran monjas también.  Para mí era muy difícil tomar partida en esto, ya que en alguna manera yo había sido afectado por lo protestante en Baja Verapaz aunque no entendiera qué era eso.  Así que, en varias ocasiones me escondía debajo de la cama cuando las enfermeras pasaban por las mañanas para llevarnos a la misa matutina.  A veces tuvieron que llamar a otro niño para sacarme de mis escondites.  Luego me acostumbré  y aunque no acepté de lleno la fe católica hubo ciertas cosas que me impresionaban y llamaban mi atención.  Por ejemplo: la medalla con la virgen María o el crucifijo, fueron dos de las cosas que yo llegué a tenerles mucho aprecio  Además, el hospital fue trasladado a Antigua Guatemala, que es uno de los centros más fuertes de la tradición católica, similar a lo que es la Basílica de la Virgen de los Ángeles en Cartago.  De modo que no tenía escapatoria para cumplir con la obligatoriedad de las prácticas católicas. Cuando salí del Hospital Infantil de Antigua Guatemala, mi papá no me llevó a vivir con mi familia en la casa.  Había hecho arreglos anticipados con un Pastor de la Iglesia del Nazareno en un pueblo cercano, para que yo pudiera estar en un lugar más cómodo, con mejores condiciones de vida para poder seguir la dieta estricta que las autoridades del Hospital le habían ordenado para mí.  Así que, fui un integrante más de la familia de dicho pastor durante un lapso de tres a cuatro años,  llegué a la casa de ellos cuando tenía casi nueve años de edad.  Este pastor tenía a su cargo la Iglesia de este pueblo y  la del pueblo donde residía mi papá.  El tiempo que residí con ellos fue estratégico.  Al igual que en el pueblo de mi papá, ahí sólo existían dos tendencias religiosas: la Católica y la Iglesia Evangélica del Nazareno.  Los pastores nazarenos de ese entonces habían recibido instrucciones y adiestramiento por parte de los misioneros nazarenos de Norteamérica que habían sido enviados a Guatemala para la apertura de obras y misiones de esta denominación.  De nuevo, pero en otras circunstancias, tenía que acomodarme a otro estilo de vida religiosa, pero sólo para llevar la corriente.

            Mi experiencia religiosa en la casa de este pastor nazareno prácticamente no implicaba una conversión de mi parte, solamente me acomodé a todo lo que ellos hacían.  Oraba con ellos en las horas de comida, asistía a todas las reuniones litúrgicas porque ellos vivían en una Casa Pastoral que estaba anexa al Templo.  Así que tenía que estar presente y ayudar en todas las reuniones que se celebraban por parte de la Iglesia, lo cual no era nada difícil porque sólo tenía que ayudar en el acomodamiento del lugar.  En mi caso, parecía que todo lo que sucedía como las predicaciones, la música sacra, los cultos especiales, el evangelismo personal, entre otras actividades más, no implicaba ninguna repercusión ni compromiso espiritual, pero cada uno de estos sí fue calcando en mí un estilo de vida acorde con los principios y normas cristianas bíblicas y teológicas.  Fueron muchas las homilías que escuché sobre lo que significaba una vida santa y la modalidad administrativa de la Iglesia Local bajo la directriz del Manual de la Iglesia del Nazareno.  Por fin, cuando cumplí 10 de edad comprendí lo que significaba convertirse a Jesús, el acto del arrepentimiento y la profesión de fe, así que acepté a Jesús como mi Salvador personal.  Me hice miembro de la Iglesia del Nazareno dos años después, pero no tuve ningún problema en ser tomado en cuenta en las actividades de la Iglesia porque me consideraban como otro de la familia pastoral.  En 1958 llegó un nuevo misionero norteamericano de la Iglesia del Nazareno a Guatemala y residió en la cabecera departamental conocido como Salamá de Baja Verapaz, situado a nueve kilómetros de distancia de mi Iglesia.  Este misionero era amante de la música, él sabía ejecutar la Trompeta y el Trombón, su esposa ejecutaba el Piano y el Acordeón, tenía dos hijos que habían aprendido a ejecutar estos instrumentos.  Este misionero envió un comunicado a todos los pastores de las iglesias nazarenas, que si habían hermanos jóvenes o adultos que quisieran aprender a ejecutar un instrumento musical, se inscribieran y tanto él como su esposa les enseñarían.  Yo era un niño de apenas 10 años y no me tomaron en cuenta cuando yo les dije que estaba interesado.  Solamente inscribieron a los que tenían 20 años para arriba.  Los ensayos comenzaron y a escondidas yo tomaba la trompeta y a como pude le saqué sonidos.  Menciono este incidente de música instrumental porque fue uno de los atractivos que Dios utilizó para confirmar mi llamado a servirle.  En muy corto tiempo yo logré desarrollar un fructífero ministerio musical y en cuestión de dos años aprendí a ejecutar entre seis a ocho instrumentos musicales diferentes.
           Bueno, he tratado de compartirles este panorama introductorio porque lo considero relevante para responder el tema: ¿Por qué soy un nazareno?  También voy a mencionar algunos hechos que aunque no son la razón fundamental por la que soy nazareno, pero que sí influyeron en mi definición Denominacional.  Por ejemplo: 1) la opción de mi papá de aceptar a Cristo en la Iglesia del Nazareno; 2) en el lugar donde yo vivía sólo estaba la Iglesia del Nazareno aparte de la Iglesia Católica, así que no tuve opción para conocer otro tipo de Iglesia Evangélica.  Además, en toda la región central y norte de Guatemala predominaba en un 98 % las congregaciones nazarenas desde 1950, por tanto, había un celo nazareno muy radical y la apertura de otra denominación evangélica era muy remota e inadmisible.  Cuando años más
tarde apareció una Iglesia Pentecostal por esos rumbos, los nazarenos lanzaron fuertes críticas y no nos permitían ir con ellos.  Todos los que se convertían a esta nueva modalidad evangélica perdían muchos privilegios, la comunidad entera los rechazaba, la tiendas no les vendían alimentos de ninguna clase, por lo que tenía que ir a otro lado donde no los conocían para conseguir lo que necesitaban, si algún miembro nazareno se afiliaba a esa congregación se le consideraba desertor, anatema y era borrado del Registro de Membresía.  3) La Iglesia del Nazareno me proveyó de institución  teológica donde pudiera conformar mi preparación ministerial de acuerdo con las perspectivas y expectativas de la Iglesia del Nazareno.
            A continuación voy a enumerar las razones fundamentales por la que yo soy nazareno:

  1. Tenemos una Declaración de Fe fundamentados en la Biblia y en la Teología Ortodoxa. Después que me convertí fui discipulado en la Iglesia del Nazareno para ser bautizado.  Se me instruyó sobre estos principios y normas cristianas desde la perspectiva nazarena.  A continuación resumo estos conceptos doctrinales que son los Artículos de Fe:

    Primero: Sobre el Dios Trino.  Creemos en un Dios Trino, un solo Dios eternalmente existente e infinito, el Soberano del universo.  Que Él solo es Dios, Creador y Administrador, Santo en naturaleza, atributos y propósito.  Que Él, como Dios, es Trino en su ser esencial, revelado como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

    Segundo: Sobre Jesucristo.  Creemos en Jesucristo, la Segunda Persona de la Divina Trinidad; que Él eternalmente es uno con el Padre; que se encarnó por la obra del Espíritu Santo y que nació de la Virgen María, de manera que dos naturalezas enteras y perfectas, es decir, la Deidad y la humanidad, fueron unidas en una Persona verdadero Dios y verdadero hombre, el Dios-Hombre.  Que Él murió por nuestros pecados, que verdaderamente se levantó de la muerte y tomó otra vez su cuerpo, junto con todo lo perteneciente a la perfección de la naturaleza humana, con la cual Él ascendió al cielo desde donde intercede por nosotros.

    Tercero: Sobre el Espíritu Santo.  Creemos en el Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Divina Trinidad, que está siempre presente eficazmente activo en la Iglesia de Cristo y juntamente con ella, convenciendo al mundo de pecado, regenerando a los que se arrepienten y creen, santificando a los creyentes y guiando a toda verdad, según Jesucristo.

    Cuarto: Sobre las Sagradas Escrituras.  Creemos en la Biblia como la inspiración plenaria de las Sagradas Escrituras, los 66 libros del Antiguo y Nuevo Testamentos, dados por inspiración divina, revelando infaliblemente la voluntad de Dios respecto a nosotros todo lo necesario para nuestra salvación, de manera que ninguna cosa que no contengan ellos ha de imponerse como Artículo de Fe.

    Quinto: Sobre el Pecado: Original y Personal.  Creemos que el pecado entró en el mundo a través de la desobediencia de nuestros primeros padres, y la  muerte por el pecado.  Creemos que el pecado es de doble naturaleza: pecado original o depravación, y pecado actual o personal. Que el Pecado Original o Depravación es aquella corrupción de la naturaleza de de toda la prole de Adam, que aparta a la persona de la justicia original, o sea, del estado de pureza de nuestros primeros padres al tiempo de su creación, que es adverso a Dios, sin vida espiritual e inclinado al mal y esto de continuo; y que esta depravación continúa existiendo en la nueva vida del regenerado, hasta ser desarraigada por el bautismo con el Espíritu Santo.  Que el Pecado Personal es una violación voluntaria de una ley conocida de Dios cometido por una persona moralmente responsable.  Por tanto, no debe ser confundido con las fallas voluntarias o inescapables, debilidades, faltas, errores, fracasos u otras desviaciones de una norma de conducta perfecta, todos los cuales son efectos residuales y que han permanecido de la Caída.  Este pecado personal es primordial y esencialmente una violación de la ley del amor; y que en relación con Cristo el pecado puede ser definido como incredulidad.

    Sexto: Sobre la Propiciación.  Creemos en el acto propiciatorio de Jesucristo, por sus sufrimientos, al verter su preciosa sangre y por su muerte meritoria en la cruz, hizo una propiciación plena, que es la única base de la salvación y que es suficiente para todo individuo de la raza de Adam.  La propiciación es benignamente eficaz para la salvación de los irresponsables y para los niños en su inocencia, pero para los que llegan a la edad de responsabilidad, solamente es eficaz para su salvación cuando se arrepienten y creen.

    Séptimo: Sobre el Libre Albedrío.  Creemos que la creación del hombrea la imagen de Dios, incluyó la capacidad de escoger entre el bien y el mal y que, por ello, fue hecho moralmente responsable; que por la Caída de Adán llegó a ser depravado, de tal modo que no puede, por sus propias fuerzas naturales y obras, tornarse y prepararse para la fe y para invocar a Dios; pero la gracia de Dios por Jesucristo se concede gratuitamente a todos los hombres, capacitando a todos los que quieran tornarse del pecado a la justicia, a creer en Jesucristo para perdón y limpieza del pecado y a seguir las buenas obras agradables y aceptables a su vista.  Que el hombre, aunque posea la experiencia de la regeneración y de la entera santificación, puede apostatar y, a menos que se arrepienta de su pecado, se perderá eternalmente y sin esperanza.

    Octavo: Sobre el Arrepentimiento.  Creemos que el arrepentimiento, es un cambio sincero y completo de la mente respecto al pecado, con el reconocimiento de culpa personal y la separación voluntaria del pecado, se exige de todos los que por acción o propósito, han llegado a ser pecadores contra Dios.  El Espíritu de Dios da a todos los que quieran arrepentirse, la ayuda benigna de la contricción de corazón y esperanza de misericordia, para que puedan creer y recibir el perdón y la vida espiritual.

    Noveno: Sobre la Justificación, la Regeneración y la Adopción.  Creemos que la Justificación es el acto misericordioso y judicial de Dios, por el cual Él concede pleno perdón de toda culpa, remisión completa de la pena de los pecados cometidos, y acepta como justos a todos los que con fe reciben a Jesucristo como su Señor y Salvador.  Creemos que la Regeneración o el Renacimiento es aquella obra benigna de Dios, por la cual la naturaleza moral del creyente arrepentido se vivifica espiritualmente y recibe una vida característicamente espiritual, capaz de fe, amor, y obediencia.  Creemos que la Adopción es aquel acto benigo de Dios, por el cual el creyente justificado y regenerado, es constituido hijo de Dios.  Tanto la Justificación como la Regeneración y la Adopción son simultáneas en la experiencia de los que buscan a Dios y se obtienen por el requisito de la fe, precedida por el arrepentimiento; y el Espíritu Santo da testimonio de esta obra y estado de gracia.

    Décimo: Sobre la Entera Santificación.  Creemos que la Entera Santificación es aquel acto de Dios, subsecuente a regeneración, por el cual los creyentes son hechos libres del pecado original, o depravación, y son llevados a un estado de entera devoción a Dios y a la santa obediencia de amor hecho perfecto.  Este acto es obrada por el bautismo con el Espíritu Santo y encierra en una sola experiencia la limpieza del corazón de pecado y la presencia real y permanente del Espíritu Santo, dando al creyente el poder necesario para una vida santa y servicial.  La Entera Santificación es provista por la sangre de Jesús, obrada instantáneamente por la fe, precedida por la entera consagración; y el Espíritu Santo da testimonio de esta obra y estado de gracia.  Esta experiencia se conoce también como: Perfección Cristiana, Amor Perfecto, Pureza de Corazón, Bautismo con el Espíritu Santo, Plenitud de la Bendición y Santidad Cristiana.  Existe una distinción marcada entre un corazón puro, que se obtiene instantáneamente como resultado de la Entera Santificación; y, un carácter maduro que es el resultado del crecimiento en la Gracia.  La Gracia de la Entera Santificación incluye el impulso para crecer en la Gracia.  Sin embargo, este impulso debe ser cultivado conscientemente por el cristiano y debe darle una atención cuidadosa a los requisitos y procesos de desarrollo espiritual y mejoría de carácter y personalidad a semejanza de Cristo.  Sin dicho esfuerzo intencional el testimonio de uno podría ser debilitado, la Gracia nulificada y finalmente se pierde.

    Undécimo: Sobre la Segunda Venida de Cristo.  Creemos que el Señor Jesucristo vendrá otra vez; que nosotros, los que vivimos y quedamos para la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron en Cristo Jesús, sino que, si permanecemos en Él, seremos arrebatados juntamente con los santos resucitados para encontrar al Señor en el aire y así estaremos siempre con el Señor.

    Duodécimo: Sobre la Resurrección, el Juicio y el Destino eterno.  Creemos en la resurrección de los muertos, que los cuerpos tanto de los justos como de los injustos, serán resucitados y unidos con sus espíritus: los que hicieron bien saldrán a resurrección de vida eterna, pero los que hicieron mal a resurrección de condenación eterna.  Habrá un Juicio futuro en el cual todo hombre comparecerá delante de Dios para ser juzgado según sus hechos en esta vida.  Creemos que a todos los que logran salvarse por creer y aceptar a Jesucristo como su Señor       personal y le siguen obedientemente, Él los premiará con su Promesa de darles un destino de Vida Gloriosa y Eterna; y a todos aquellos que no le aceptaron como su Salvador personal sino que optaron por rechazarlo son impenitentes que sufrirán eternalmente en el infierno.

    Decimotercero: Sobre el Bautismo.  Creemos que el Bautismo Cristiano, ordenado por nuestro Señor Jesucristo, es un sacramento que significa la aceptación de los beneficios de la propiciación de Él y que ha de ser administrado a los creyentes, como declaración de su fe en Él como su Salvador y con pleno propósito de obediencia en santidad y justicia.  Este es un símbolo del Nuevo Pacto.  El Bautismo puede ser administrado por Aspersión, Afusión o Inmersión, según la preferencia del candidato.

    Decimocuarto: Sobre la Santa Cena.  Creemos que la Cena conmemorativa y de Comunión instituida por nuestro Señor y Salvador Jesucristo, es esencialmente un sacramento del Nuevo Testamento, que declara su muerte expiatoria, por cuyos méritos los creyentes tienen vida, salvación y promesa de todas las bendiciones espirituales en Cristo.  Tiene un sentido integral y profundidad espiritual en la vida del cristiano y al participar de ella anuncia la muerte del Señor hasta que Él venga otra vez.  Dado que es la Fiesta de Comunión, sólo aquellos que tienen fe en Cristo y Amor para con los santos, deben ser llamados a participar de ella.

    Decimoquinto: Sobre la Sanidad Divina.  Creemos en la doctrina bíblica de la Sanidad Divina y exhortamos a todos los nazarenos a que se esfuercen en ofrecer la oración de fe para la sanidad de los enfermos.  Los medios y agencias providenciales no han de ser rehusados cuando sean necesarios.

2. Las Normas de Membresía.  Antes de referirme a esto, deseo aclarar que la Iglesia del Nazareno es una Organización Evangélica prestigiosa a nivel mundial con un sistema de gobierno jerárquico muy completo, cuya sede principal operativa se ubica en los Estados Unidos de Norteamérica desde el año de 1908 cuando se concretó su fundación.  Desde entonces la Iglesia del Nazareno ha experimentado un crecimiento vertiginoso en los cinco continentes.  Se ha estipulado normas y principios para adquirir la membresía como feligrés y como ministro para servir en algún ministerio.  Se dispone de una gran variedad de programas que se fomenta permanentemente en cada Iglesia Local, tales como: Escuela Dominical, Culto Devocional, Servicio Evangelístico, Culto de Oración, Culto de Sociedad Misionera Mundial, Servicio de Juventud Nazarena Internacional (JNI), los cuales tienen un propósito específico.  Se dispone de muchísimas opciones ministeriales como: Evangelismo, Docencia, Pastorado, Administración, Consejería, Misiones o Misioneros asignados, Superintendencia, Educación Ministerial.  Por otros lado, aparte de la sede en Norteamérica se disponen de centros operativos de administración conocido como Regionales e instituciones teológicas para la preparación de obreros nazarenos (conocidos como Centro Educativo Nazareno, Instituto Bíblico Nazareno, Seminario Nazareno, Colegio Nazareno, Universidad Nazarena). 
Para poder ser miembro de la Iglesia del Nazareno recibí mi segundo discipulado sobre el Reglamento de Membresía.  A continuación resumo algunos de estos principios:
La Iglesia de Dios se compone de todas las personas espiritualmente regeneradas, cuyos nombres están inscritos en el cielo.
Las Iglesias Locales o particulares han de componerse de tales personas regeneradas que providencialmente y bajo la dirección del Espíritu Santo, lleguen a asociarse para tener compañerismo y ministerios santos.
La Iglesia del Nazareno se compone de aquellas personas que voluntariamente se han asociado de acuerdo con las doctrinas y gobierno de dicha Iglesia y que buscan la santa comunión cristiana, la conversión de los pecadores, la entera santificación de los creyentes, su edificación en la santidad y la simplicidad  y poder espiritual manifestado en la Iglesia Primitiva, así como la predicación del Evangelio a toda criatura.
El identificarse con la Iglesia visible es el bendito privilegio y deber sagrado de todos los que son salvos de sus pecados y están buscando perfección en Cristo Jesús.  Se requiere de todos los que quieran unirse a la Iglesia del Nazareno y así andar en comunión con nosotros, que muestren evidencia de salvación de sus pecados por una conducta santa de acuerdo con la ética cristiana y una piedad vital; que sean limpios del pecado innato u original, o que sinceramente deseen serlo.  Que den evidencia de su entrega total a Dios.  Luego, se presenta una lista de conducta o comportamientos impropios  que deben evitarse para cumplir con nuestra responsabilidad hacia Dios, hacia el Prójimo y hacia uno mismo.

En fin, hay muchas cosas más pero basta esto para dar una idea del distintivo que caracteriza a un cristiano nazareno.  Ahora, voy a concluir refiriendo otros incidentes que consolidaron mi identidad nazarena:

1. Lo primero que ya mencioné fue lo de mi infancia y mi conversión en la Iglesia del Nazareno.  Después que me convertí estuve asistiendo y sirviendo fielmente en diversos ministerios en la Iglesia, pero escuchaba insistentemente que todo cristiano le era necesario e imprescindible la experiencia de la Entera Santificación.  Que no era suficiente la conversión, ni el haber sido bautizado.  Yo debatía mucho dentro de mí: ¿Qué era eso?  ¿Por qué yo tenía que experimentar eso si estaba teniendo tanto éxito en mi servicio a Dios?  Por fin, cuando tenía 14 años de edad, el 8 de agosto de 1961, después de una predicación sobre la Entera Santificación, el Señor tocó mi corazón de una manera sobrenatural, y el mismo Espíritu Santo me impulsó para pasar adelante al altar, me arrodillé y no podía contener la inmensa paz y gozo de la operación de Dios en mi vida.  Sentí de todo: un calor indescriptible invadió todo mi cuerpo, lloraba y lloraba de satisfacción porque la mano poderosa de Dios como Cirujano Eterno estaba extirpando y desarraigando de mi vida el Pecado Original, el Viejo Hombre; luego, sentía como que flotaba por la sanidad y liberación que Él había operado en mí.  Cuando me levanté no podía hablar porque lo que quería era gritar como aquellos que Jesús había sanado en su ministerio terrenal.  Hasta entonces comprendí que la llenura del Espíritu Santo o la experiencia de la Entera Santificación es el sello que autentica nuestra salvación.  Después de esto, la historia de mi ministerio en el servicio a Dios tuvo dimensiones indescriptibles.  Sólo hasta entonces fue cuando Jesucristo se convirtió en el Señor de mi Vida, mi Rey, mi Soberano

2. Otra experiencia que consolidó mi identificación nazarena fue mi preparación académica teológica nazarena.  Antes que falleciera mi papá en el año de 1961, me matriculó en un Centro Educativo Nazareno para que yo me capacitara en el ministerio cristiano.  Desde entonces mi formación teológica fue netamente nazarena, una teología ortodoxa y fundamentada en la doctrina que emana de la Biblia.  En 1970, a la edad de 22 años me vine a Costa Rica para estudiar en el Seminario Nazareno de las Américas (SENDAS), de donde me gradué con el título de Bachillerato y Licenciatura en Teología.

En fin, concluyo diciendo que no sólo me convertí en una Iglesia del Nazareno, sino que toda mi formación teológica la realicé en instituciones teológicas nazarenas.  Posteriormente, me gradué con el título de Licenciatura en Música de la UCR y Licenciatura en Teología de la UNA, pero mis convicciones doctrinales nadie las podrá cambiar, creo en el Dios Trino que proclama la Biblia y en los principios y normas de la Ética Cristiana estipuladas por Jesucristo y sólo espero que El venga pronto para continuar sirviéndole por la eternidad.

 

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