
¡Señor, Señor no te distraigas…!
Edwin Granados Ríos
Recientemente, poco antes de amanecer, estuve soñando, pero en esta ocasión, como en pocas, si recordé mi sueño. Yo viajaba como acompañante en un vehículo de mi trabajo por una carretera de mi país a una velocidad considerable pero permitida, yo sabía que iba para alguna gira de trabajo. En determinado momento decidí llamar por teléfono a mi esposa y tomó el celular, logrando efectivamente la comunicación, pero al instante en que ella me contesta, me percaté que en el asiento del conductor a mi izquierda no iba nadie que yo pudiera ver, sin embargo el carro se iba conduciendo de la manera más normal, entonces exclamé y dije ¡Zeidy Dios va manejando! ¡Dios va conmigo, en el carro!, inmediatamente sentí una gran deseo de estar más cerca de EL y de sentarme donde El iba conduciendo, mientras le comentaba a mi esposa emocionado por lo que estaba viviendo en ese instante, continúe diciéndole: “esperé, que me quiero sentar donde está Dios” y efectivamente en medio del movimiento del carro, me pasé a su lugar, pero solo quería estar sentado ahí, no pretendía tocar nada; sin embargo, en cuanto me pasé a ese sitio, el carro repentinamente se detuvo y comenzó a dar marcha atrás, de pronto observo y escucho como unas pequeñas piedras caen por un barranco, y me asusté, porque sentí el peligro y de la manera más natural, dije: “Señor, Señor, no te distraigas”. Ese día en la mañana, efectivamente yo debía salir a una gira de trabajo y debía conducir unos 300 kilómetros, durante el camino iba pensando mucho en lo que había soñado y si Dios, deseaba comunicarme algo, puede ser que haya dormido mal o que tuviese problemas estomacales, pensaba mientras viajaba, pero también pensé, ¡bueno! Pero Dios es soberano y El también se ha comunicado con sus hijos de esta manera en determinados momentos de la vida, esta podría ser una de esas ocasiones, me decía a mi mismo. No obstante mis cavilaciones, sentí el Espíritu de Dios me orientaba a hacerme algunas preguntas acerca del sueño que había tenido y que llamaba tanto mi atención, por ejemplo: ¿Cómo se comportaba el carro mientras Dios conducía? ¿En que momento empezaron los problemas? ¿Por qué quieres estar en el lugar de Dios? ¿Crees que Dios se distrae?, fue entonces cuando comprendí que el Señor me esta enseñando que a veces creemos que nosotros somos autosuficientes, que nos bastamos nosotros mismos para manejar exitosamente nuestra vida, sin percatarnos que nuestra vida transcurre y Dios es quien la controla, protegiéndonos del peligro y que no es sino, cuando se nos ocurre ponernos en su lugar, ¡que pretensión!, que comienzan los problemas y los peligros, pero peor aún, tenemos el descaro de decirle al Señor, ¡Señor, Señor no te distraigas!, como si el Señor, fuese el culpable de nuestras desgracias y las de la humanidad. Aprendí también que nuestro Señor es grande, misericordioso y nos ama, guardándonos siempre, aún cuando no lo veamos a nuestro lado. También quiere el Señor que sepamos que El nunca se separa de nosotros, que está pendiente de cada detalle de nuestra vida, el Señor nunca se distrae en el cuido que nos prodiga.

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