
HOY…
Abandona tu comodidad, enfrenta tus miedos e inseguridades, y sólo así, comenzarás a volar...
Abandona la vía segura y cómoda. Lánzate a la ruta incierta, llena de enigmas e inseguridades y hazlo solitariamente. Dios te acompañará y te dirá que camino tomar.
Tengo derecho a fijar límites a mi propio ritmo. Yo sé lo que necesito en mi vida. Este ritmo debe ser el adecuado para mí.
Tengo derecho a solucionar mis propios problemas y a crecer; mis familiares políticos tienen derecho a sus propios problemas y el derecho a elegir cuándo y dónde solucionarlos. Puedo aprender a apartarme con amor de mis parientes y de sus problemas. Estoy dispuesto a sortear cualquier sentimiento
para lograrlo.
Hoy le pondré atención a mis propias responsabilidades. Dejaré que los demás hagan lo mismo.
Hoy participaré en la vida al máximo de mi capacidad, sin importarme el resultado.
Podemos romper la barrera de la culpa que nos impide cuidar de nosotros mismos.
Hoy dejaré ir mis pequeños y mis grandes sentimientos de culpa.
Hoy seré amable conmigo mismo, comprendiendo que a veces, para alcanzar el justo medio del equilibrio, necesito explorar las cimas y los valles. A veces, la única manera que tengo de salir de un valle es brincar lo suficientemente alto para aterrizar en la cima y luego, lentamente, deslizarme hacia abajo.
Recordaré que está bien que me defienda sólo cuando esa acción sea la adecuada. Dios mío, ayúdame a defenderme solo, en forma apropiada y con confianza.
Lo que queremos y necesitamos cuenta. Es importante y válido. Está bien que aprendamos a participar en la satisfacción de nuestras necesidades.
Hoy estaré consciente de las “conductas gancho” que me llevan a convertirme en cuidador de los demás y que me hacen sentir victimado. Ignoraré los comentarios, las miradas y las palabras que me enganchan, y esperaré de los demás la conducta directa y honesta que merezco.
Hoy recordaré que a Dios le importa lo que yo necesito, especialmente si me importa a mí.
Rebeca Chow, MA, LPC, RPT - (psicóloga)

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